Apenas conocidos los resultados que le otorgaban el triunfo en las elecciones presidenciales a Donald Trump, las redes sociales colapsaron. En un tweet alguien preguntaba si acaso el mundo se había vuelto loco. Una primera respuesta podría ser otra pregunta: "¿Cuándo no lo fue?".
El 2016 es un año que termina lleno de incertidumbres, dejando más interrogantes que certezas y realidades que hasta hace muy poco tiempo parecían altamente improbables, sino imposibles.
¿Quién se hubiese imaginado la salida del Reino Unido de la Unión Europea? Si los colombianos querían la paz, ¿por qué rechazaron el acuerdo con las FARC? ¿No era que los países del BRIC iban a tomar la posta y se encaminaban a disputar le hegemonía global de EEUU y Occidente? ¿Quién se imaginaba a un excéntrico como Trump ocupando el Salón Oval de la Casa Blanca?
Años atrás, Nassim Taleb introducía la imagen del "Cisne Negro" para dar cuenta de aquellas situaciones o sucesos que sorprenden porque son raros, producen un impacto tremendo y porque nuestra naturaleza humana recién logra explicarlos a posteriori, haciéndose, recién entonces, predecibles.
Los atentados del 11-S son un claro ejemplo de un "cisne negro"; es decir un acontecimiento de tamaña naturaleza que era completamente inesperado, pues, de haber sido concebible, no se habría producido.
Desde el 11 de Septiembre de 2001 hasta la fecha son muchos los "cisnes negros", tantos que ya parecieran haber dejado de ser inusuales.
¿Es que el mundo se ha vuelto tan impredecible? En esta pregunta probablemente encontremos un atisbo de luz para comprender lo que está sucediendo.
Muchos intelectuales, filósofos o analistas, caen en la tentación de la predictibilidad. Entienden que su rol es el de anticiparse al futuro y advertir a la sociedad sobre lo que está por venir. Claro que cuando esos vaticinios no se cumplen, queda a mano la metáfora del cisne negro. Sin embargo, el intelectual también es valioso cuando analiza lo ya sucedido, puesto que contribuye a comprender mejor la realidad, aunque no se anticipe a ella.
Hay bases sólidas para pensar que los sucesos antes descritos como inesperados podrían pasar y que el no haberlos previsto no es tanto producto de "cisnes negros" sino de cierta miopía intelectual que impide verlos con total claridad.
Como bien señala Noam Chomsky, la decadencia estadounidense no empezó con los atentados del 11-S, sino que se fue acelerando paulatinamente desde los años 70 del siglo pasado cuando, luego de producir casi mitad del PBI mundial pasó a representar un cuarto de él. Los países del BRIC no pudieron aprovechar esa situación y, por el contrario, todos se encuentran en dificultades políticas y/o económicas que obedecen a cuestiones de naturaleza interna antes de internacionales.
Los ciudadanos del Reino Unido expresaron, pese a lo que vaticinaban las encuestas, la voluntad de salir de la Unión Europea, pero pareciera que se olvidó de que el Reino Unido nunca integró a todas las comunidades o instituciones de la Unión Europea.
Su ingreso fue tardío de hecho trató de generar su propio bloque para competir con la entonces Comunidad Europea y sus ciudadanos siempre figuraron al tope del ranking de los "euroescépticos". El resultado de las últimas elecciones presidenciales en EEUU no reflejan sino algo de lo que se viene discutiendo desde hace mucho en el país del norte: su sistema político es más republicano que democrático.
Trump no ganó el voto popular, pero sí el voto del colegio electoral, por eso será el presidente de esta Nación. ¿Fue un suceso inédito? No. Sin ir más lejos, lo mismo sucedió en las elecciones en las que Al Gore perdió la presidencia frente George Bush (h).
Entonces, no es que el mundo se haya vuelto loco, sino que se perdió la capacidad para descifrarlo. Que esto ocurra es, en parte, debido a que estamos en un mundo en transición, donde lo viejo no muere y lo nuevo no termina de nacer. Se ha proclamado hasta el hartazgo que la Guerra Fría ha terminado y con ella el sistema bipolar, pero las instituciones internacionales y su funcionamiento no se han amoldado al nuevo contexto.

Nuevas tecnologías

La incorporación de las nuevas tecnologías de la información y comunicación (TICs) en la educación son un latiguillo que todos emplean, pero el sistema educativo como tal no ha cambiado en esencia con respecto a lo que era hace medio siglo o inclusive más. La participación ciudadana es un slogan constante en las sociedades occidentales, pero el sistema político sigue siendo el mismo y, cuando surgen corrientes anti-sistemas, o no logran concretar su acceso al poder o, estando en él, se acomodan al sistema vigente.
En definitiva, lo que ha variado son las sombras que se proyectan, pero no la sustancia. Y es sabido que las sombras suelen ser engañosas, se agrandan y achican, cambian, se atenúan o avivan. Pareciera ser que, impulsados por la ansiedad, últimamente se presta más atención a esas sombras que a la sustancia.
El mundo siempre ha sido dinámico y cambiante, y la incapacidad actual para comprenderlo excusándose en la locura de los otros es un pensamiento que, lejos de ser pintoresco o inocente, podría dar cabida a extremismos peligrosos, como el de un nuevo Hamlet que sentencie, como en la obra de Shakespeare, que "el mundo está tan desquiciado, vaya faena haber nacido yo para tener que arreglarlo".

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