La detención del concejal Alejandro Maurín y el pedido de captura de su par Mauricio Gerónimo son un nuevo indicio de la presencia consolidada del narcotráfico en Salvador Mazza, al tiempo que revelan la enorme vulnerabilidad de la frontera norte de Salta.
El episodio, de extrema gravedad, compromete al oficialismo provincial, al que pertenecen ambos ediles. El panorama se vuelve aún más sombrío por la ausencia del intendente Rubén Méndez, quien solicitó licencia por razones de salud a pesar de encontrarse su comunidad en estado de conmoción institucional.
Maurín y Gerónimo aparecen involucrados en un operativo realizado en varias provincias en el que la Gendarmería secuestró 267 kilos de cocaína, medio millón de dólares, armas y municiones, dos camiones, cinco vehículos menores y abundante material tecnológico de última generación.
Es necesario destacar que el problema del narcotráfico no debe ser minimizado como mera noticia policial. Las desguarnecidas fronteras del norte argentino han ido convirtiéndose en territorio dominado por ese negocio delictual, donde los jefes de las bandas y sus sicarios desbordan a las fuerzas de seguridad.
El crimen organizado se muestra cada vez más fuerte en la región y es imprescindible que, de una vez por todas, la retórica vacía deje su lugar a una planificación estratégica sólida y realista.
Si las bandas de traficantes actúan con impunidad y aumentan su control territorial es porque el Estado está ausente, lo cual solo es posible por impericia o por complicidad de los gobernantes.
Según la DEA, el negocio ilegal de la droga merodea los 500 mil millones de dólares anuales en el mundo. Si se compara esta cifra con el Producto Bruto de los 194 países del mundo, habría que ubicarla en el puesto número 20.
Mucho más allá de la evasión al fisco, se trata de una actividad criminal, en la que los sicarios se ocupan de las ejecuciones de rivales o traidores, pero cuyos efectos más injustos y dolorosos los padecen los adictos; en las últimas décadas, el consumo de los desechos de pasta base de cocaína -paco- ha creado una nueva forma de exclusión, que padecen miles de jóvenes en el país y en Salta.
Es indicio alentador que el nuevo Gobierno nacional se haya comprometido a reforzar el control del área con 1.200 policías federales en el NOA, a efectivizar el regreso de los gendarmes que fueron trasladados a áreas urbanas para cumplir funciones ajenas a las de la fuerza y que se haya prometido la creación de un cuerpo de Prefectura para que actúe en Aguas Blancas.
Ni la droga ni la inseguridad son meras sensaciones. El aumento del narcotráfico en la frontera con Bolivia va de la mano con el nuevo rol que desempeñan los traficantes de ese país tras el declive de la actividad en Colombia y, también, al gravísimo deterioro del empleo genuino, que convierte al contrabando de estupefacientes en una actividad mucho más rentable que cualquier trabajo transitorio.
El narcotráfico es básicamente un problema delictivo y social, que requiere de los gobiernos no solo un diagnóstico preciso de sus alcances y una estrategia eficiente, sino básicamente la decisión de terminar con el uso político del flagelo.
No será fácil. Hace dos meses, el juez federal de Orán Raúl Reynoso fue privado de sus fueros y suspendido tras denuncias sobre presunta connivencia con las organizaciones criminales. En los últimos años se verificó la complicidad de agentes de las fuerzas de seguridad con los narcos. Fueron resonantes los casos de los oficiales superiores de la policía salteña Gabriel Giménez y Carlos Gallardo, detenidos en 2011 con 50 kilos de cocaína y el del patrullero que el año pasado fue interceptado en barrio Autódromo de Salta, en el que decomisaron 68 kilos de droga, que se destacan entre múltiples episodios que evidencian tolerancia cómplice.
En los departamentos de San Martín y Orán, en tanto, se tornan habituales las noticias de "ajusticiamientos" entre narcos.
Como nunca, es imprescindible que la lucha contra el narcotráfico se convierta en política de Estado; para lograr ese objetivo, la política debe eliminar, definitiva e incondicional mente, cualquier sociedad con esas bandas sin escrúpulos que manejan mucho dinero y aspiran a multipli car su poder. En este tema, no hay excusa para la tolerancia.

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