La fractura del bloque del Frente para la Victoria parece el preludio de un desmembramiento más profundo, originado en la crisis de liderazgo que hoy pone de manifiesto el peronismo.
Es significativo que haya sido protagonizado por Diego Bossio, exdirector de un organismo estratégico para el anterior gobierno, como la Anses, y por los tres diputados salteños que responden al gobernador Juan Manuel Urtubey, quienes, como él, arribaron a sus cargos proponiendo como su jefa política a Cristina Fernández de Kirchner.
Cabe recordar que tanto Javier David como Pablo Kosiner registran virajes similares a lo largo de sus trayectorias políticas.
En el peronismo, estas volteretas suelen ser estigmatizadas como "traiciones", aunque la historia reciente de ese partido, entre 1989 y 2016, muestra a este movimiento como una organización apta para impulsar proyectos sucesivos y antagónicos con el mismo fervor y los mismos argumentos.
La teoría académica señala dos aspectos de la acción política: la capacidad para construir poder y la aptitud para gobernar.
La construcción de poder se logra ganando elecciones o conquistando espacios de influencia decisiva. La aptitud para gobernar solo puede ser evaluada a través del logro de objetivos ideológicos y de su reflejo en la calidad de vida de la gente.
En ese contexto, el cambio de posiciones a mitad de camino de parte de un funcionario o legislador resulta un agravio a la ética y a las expectativas de la ciudadanía.
Es claro que en las primeras semanas del gobierno del presidente Mauricio Macri, la oposición irresponsable planteada desde el primer momento por La Cámpora y el ultrakirchnerismo era insostenible. Sin embargo, por esa misma razón, el justicialismo en su conjunto iba a marginarlos. De hecho, la absoluta mayoría del bloque de senadores del Frente para la Victoria mantiene una actitud moderada, sin necesidad de escindirse.
El apuro de Urtubey por congraciarse con el presidente y con los sectores antikirchneristas contribuyó a hacer un favor inestimable al oficialismo, al allanarle el trámite legislativo de sus proyectos.
Lo que no está garantizado, bajo ningún punto de vista, es que Salta y los salteños vayamos a obtener algún beneficio específico de tal realineamiento.
Durante ocho años, Urtubey fue un gobernador plenamente encolumnado con el gobierno kirchnerista, con ampulosos gestos en momentos críticos como el conflicto con el campo, el respaldo al ex vicepresidente Amado Boudou envuelto en una saga inédita de escándalos, la denuncia y posterior muerte violenta del fiscal Alberto Nisman y, finalmente, a lo largo del año electoral.
Sin embargo, en estos ocho años, la actividad productiva, el empleo, la modernización técnica, educativa y de infraestructura, y la calidad de vida de Salta, en general, sufrieron un dramático retroceso.
La situación de nuestra provincia contrasta con los beneficios, especialmente en materia de obras públicas, facilidades fiscales y estímulos al desarrollo, que recibieron, por caso, Tucumán, Jujuy, Santiago del Estero y Chaco.
Hoy, el nuevo oficialismo promete importantísimas inversiones para el norte argentino, pero no hay precisiones acerca de cómo va a distribuirlas entre las diez provincias. Repetir la historia del alineamiento y la obsecuencia puede redundar en una nueva frustración para la nuestra, que necesita menos exhibicionismo y una mejora sustantiva en la gestión.
El bochorno de las últimas semanas, cuando un estudio estadístico desmintió declaraciones del gobernador acerca de la inversión educativa es el corolario de un estilo político basado en falsedades, en la repetición de anuncios y datos no verificables, como ocurre sistemáticamente con supuestas construcciones de viviendas y escuelas, la desnutrición infantil y la coparticipación a los municipios.
De un gobernador se esperan previsibilidad y objetivos claros.
El aparentemente entusiasta apoyo del gobernador al presidente Macri es un nuevo cambio de alineamiento y de discurso, cuyo propósito parece limitarse a la construcción de mayores espacios de poder personal.
Es imprescindible que el mandata rio provincial capitalice su experien cia con el kirchnerismo. El apoyo in condicional en ese período no se tra dujo en beneficios directos para los salteños; la convivencia democrática y el acompañamiento a un gobierno nacional, cualquiera sea su signo, de ben contribuir, necesariamente, a la consolidación institucional y al desa rrollo del país y de cada provincia.

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juan perez
juan perez · Hace 9 meses

TRIBUNO COMO ACOMPAÑAS EL AJUSTE NO???, QUE PASA QUE NO HAY NOTICIAS DE POLITICA NACIONAL, ALGUNA NOTICIA HABLANDO DE LOS DESPIDOS???, PARITARIAS QUE NO CERRARON???, ESO ES TODO LO QUE TU DUEÑO MAGNETO Y EL LAMEBOTAS DE ROMERO TIENE QUE INFORMAR???, SOS DE TERROR!!!, CON CRISTINA LLENABAS EL DIARIO DE MALAS NOTICIAS, VIVIAMOS EN LA CASA DEL TERROR, AHORA ESTAMOS EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS!!!, SOS UN UNA PORQUERIA TRIBUNO!!!

Perez Jose Alberto
Perez Jose Alberto · Hace 9 meses

Es clarito y la mayoría ahora lo sabe. URTUBEY NO TIENE IDEOLOGÍA PERONISTA NI PROGRESISTAS. SU INTENTO DE ALINEAMIENTO CON MACRI LO PONE CONTENTO PORQUE REPRESENTA SU VERDADERA FORMACIÓN, O SEA CONSERVADORA O LIBERAL. LA HISTORIA LO JUZGARÁ COMO EL TRAIDOR O CONVERSO POLÍTICO MAS GRANDE QUE TUVO SALTA. ¡¡¡ pensar que tuvimos gobernadores peronistas como Xamena, Ragone!!! en cambio este tipo engañó a todos con ingresos al Estado. Miren, si ganaba Romero, los ñoquis que está echando macri quedaban cortos con la cantidad que hay en Salta y que se llevan el 80% de los recursos

Benito Camelo
Benito Camelo · Hace 9 meses

Urtuba solo quiere la presidencia. Le importa un choto Salta o los saltemos. O acaso miento Urtuba?