Sobre la calle posterior al Centro de Convenciones, ahora conocida como Avenida del Carnaval, en un terreno lindero a la escuela Agrícola, se levantará próximamente el nuevo edificio para el Polivalente de Arte. Miembros del área de Comunicación del Ministerio de Educación de la Provincia confirmaron a El Tribuno que se concretó la donación de los terrenos para la construcción del nuevo edificio del Polivalente. Sin embargo, reconocieron que el plan de obras todavía no se desarrolló, por lo que los estudiantes tendrán que esperar un par de años para poder recibir clases en la nueva estructura.
El edificio donde funcionaba hasta el año pasado el colegio (Urquiza 451) está cerrado y era inhabitable por las fisuras en los techos y la destrucción de las aulas. Si bien había una promesa de arreglarlo en las vacaciones, no se hizo. Sobre los arreglos, desde Educación confirmaron que la obra tomará un mínimo de cuatro meses, por lo que los chicos deberán continuar disgregados en los edificios cedidos de Ituzaingó 371 y Belgrano 474. A esto se suma que desde el inicio de clases los chicos de las siete divisiones de tercer año no tienen clase.
Los alumnos de 4º, 5º y 6º del Polivalente -que pudieron volver a clases hace una semana- están en una serie de oficinas en un edificio de Belgrano 474. Los alumnos que concurren a clases allí comparten el edificio con una agencia de seguros y que -al igual que los chicos que se quedaron en Ituzaingó 371- no cuentan con los espacios de esparcimiento ni las comodidades que se necesitan para el dictado de clases de arte.
El Polivalente ofrece cuatro especialidades, es por eso que la escuela tiene tanta demanda. Cada aula tiene 30 alumnos y hay siete divisiones por curso. Hoy los chicos escuchan sus clases en salas de tres metros por cuatro. Allí acomodan los bancos y preparan sus oídos para poder escuchar y participar de las clases.
Para adecuar las oficinas de Ituzaingó 371 y que se pueda ubicar el mayor número de cursos, se separaron ambientes con durlock, por lo que mientras un grupo de chicos realiza sus prácticas de malambo, otro grupo trata de tomar sus clases de historia. Otro de los problemas que presenta este edificio es que el subsuelo se inunda, por lo que no puede utilizarse para el dictado de clases o como depósito.
Docentes y alumnos coincidieron en que otro de los grandes riesgos son los robos en las puertas del edificio que se encuentra en Ituzaingó 371. Muchos de los alumnos van a clases llevando sus netbook y celulares que les son arrebatados en las puertas del edificio principal. Un grupo de profesores, que prefirió mantener su nombre en reserva, agregó que "los chicos de primer año son los que peor la pasan. Chicos de su misma edad son los arrebatadores. Así que tuvimos que pedirles que guarden todo antes de salir y que lleven la mochila para adelante".
Mantener las puertas de la institución cerradas es casi imposible, no solo por el tráfico de alumnos sino también porque el edificio no cuenta con patio ni una buena circulación de aire. Esto lleva a que muchos de los que cruzan por la calle vean las chicas en mallas de danza y no duden en decirles palabras soeces.
Para que los alumnos puedan contar con los elementos básicos durante el dictado de clases, las autoridades de la escuela tuvieron que mudar parte del mobiliario de la sede de Urquiza a la de Ituzaingó y de allí a Belgrano y viceversa. Estas mudanzas quedaron a cargo de las autoridades de la escuela que contrataron una camioneta privada para poder llevar incluso los bancos para que los chicos se sienten. El costo de cada viaje fue de $250. La carga y descarga fue tarea de los docentes. A todos estos problemas se suma que antes de la apertura del ciclo lectivo no se realizó una desinfección del lugar por lo que las salas con alfombra están llenas de bichos.

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