Este revival de la neuropsicología puede explicar la realidad y dar una definición hasta de la violencia de género y, en especial la del femicidio.
El concepto engrama, de interés neuropsicológico, es una carga emocional por estímulos desagradables que hace vulnerable al que lo padece. El obsoleto término uxoricidio (matar a la mujer o pareja de uno) estaría motivado en un engrama o patrón de información inconsciente y negativa sobre la mujer, que tiene el asesino.
El femicidio es más complejo en sus causas y en su desenlace y no queda reducido solamente a un engrama.
El factor cultural para estos tipos de crímenes, junto al de la violencia, síntoma de esta época, suman.
Cuando una pareja terminó el diálogo, acabó la palabra para resolver sus diferencias, puede llegar el delito más atroz, que hoy ya no responde al parámetro del crimen pasional como antes, sino al tipo penal femicidio.
Ese delito en Salta hizo que se declare el estado emergencia para afrontar a la mortificación de la mujer, por el solo hecho de serlo.
La provincia es la tercera con más muertes por violencia de género. En lo que va el 2016 se registraron seis casos con el triste récord del promedio cercano a dos femicidios por mes.
El hiperindividualismo del hombre patriarcal que no admite que la mujer tenga diferencias psíquicas y más libertades que antes, lo puso más allá de cualquier explicación por medio de los engramas o del uxoricidio.
Hoy el femicida ha chocado de bruces con un código penal que lo reprime severamente. A su vez, la policía valiéndose de la tecnociencia, usa dispositivos electrónicos de última generación para detectar al femicida que se acerca a la mujer, con la cual tiene prohibido el contacto, queda detectado.
La represión a la violencia de género se hizo una cuestión de la biopolítica, entendida ésta como una forma de empoderar la vida cotidiana que incluye también darle el poder a la mujer para que defienda su vida del odio masculino y patriarcal. La biopolítica hizo que el cuerpo y el género de la mujer forme parte del campo del poder.
El sufrimiento que creó la violencia de género o la llamada guerra de los sexos, está ahora bajo control del Estado con planes y políticas públicas para disciplinar al infractor de la ley pero no de su deseo de muerte.
Los jueces, también en estado de alerta por el fuero específico que les adjudicó la violencia de género, han judicializado los tratamientos de los violentos.
Toda esta movilización biopolítica viene a demostrar que cada época ha dado diferentes tratamientos a lo femenino. En la actualidad, ante la "epidemia" de femicidas, quedó clara la prohibición para todos de que no se puede rechazar nada de lo femenino. La biopolítica desalienta expresamente los llamados amores trágicos o amores perros.
La violencia de la época con su clínica de abordaje de lo femenino, debate qué es la victimización de la mujer.
El varón descontrolado quedó visibilizado por algunas mujeres, como el lobo disfrazado de oveja. Es por eso que no faltan ciertas feministas, alma mater de la penalización de la violencia del hombre, que seguramente piensan como el escritor rumano, Valeriu Butulescu: "El hombre es un animal evolucionado. Él puede vestirse con la piel de otros animales".

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