Los primeros gestos del gobierno del presidente Mauricio Macri alientan la expectativa de que, luego de 26 años de excesivo protagonismo personal de los presidentes, la Argentina pueda retornar a los cauces de la democracia representativa y el sistema republicano.
Ni el jefe de Estado ni su equipo de gobierno se muestran proclives a alimentar el culto a la personalidad. Es muy probable que el triunfo de Cambiemos, que hoy genera expectativas en la inmensa mayoría de los argentinos -incluidos los que no lo votaron- sea el indicio del agotamiento de la cultura populista del país, que solo produjo retroceso y autoritarismo y que mejoró, exclusivamente, la vida de una elite.
El tiempo y la gestión del nuevo gobierno demostrarán si la Argentina ingresó en una etapa de desarrollo.
Las reuniones con los gobernadores y con quienes fueron los adversarios de Macri en las elecciones generales constituyen un gesto alentador luego de doce años en los que la Casa Rosada y la Presidencia en general funcionaron a puertas cerradas. Vale destacar, en este punto, el reproche que el líder del Partido Obrero, Jorge Altamira, dirigió al candidato del FIT, Nicolás del Caño, por no haber aceptado la invitación para plantear su pensamiento ante las autoridades.
El diálogo es inherente a la pertenencia a una patria en común y a la convivencia en el seno de una misma sociedad.
En su discurso inaugural ante la Asamblea Legislativa, Macri definió como las ideas centrales votadas por la mayoría de los ciudadanos a las de lograr pobreza cero, derrotar el narcotráfico y unir a los argentinos.
La "pobreza cero" es un objetivo muy ambicioso que cuenta con apoyo casi unánime. El ocultamiento durante nueve años de los índices que registra el Indec corrobora que ese es uno de los grandes fracasos del populismo. La pobreza viene creciendo en nuestro país desde hace cuarenta años debido a la degradación del empleo, la inflación, la discontinuidad de las políticas de desarrollo y la mezquindad de la política.
Macri se comprometió a mantener la contención social y los puestos de trabajo, generar empleo genuino y ejecutar obras de infraestructura para garantizar agua potable, cloacas y vivienda digna a todos los habitantes del país.
En este punto, deberá prestar especial atención al NOA y al NEA, que concentran los mayores indicadores de pobreza del país, sea que se los mida por ingresos familiares como por las condiciones de urbanización y vivienda.
En el caso de Salta, concretamente, debido a la precariedad habitacional, existe un déficit de 75 mil viviendas. Según el censo 2010, solamente el 38 por ciento de los hogares recibe gas natural y el 10 por ciento utiliza leña como combustible. La mitad de las 300 mil familias salteñas vive en casas con piso de tierra o ladrillo, el 30 por ciento de las viviendas tiene techo de chapa, sin cielorraso y 73 mil familias no tienen baño, sino retrete. El escenario regional es similar, con los mayores índices de desnutrición y hambre, desempleo real o encubierto, empleo en negro, dependencia de subsidios del Estado, exclusión y deserción escolar.
El desafío es muy grande, tanto para el gobierno nacional como para las administraciones provinciales.
El combate contra el narcotráfico es otra meta sustancial para nuestra provincia. El abandono de la frontera y la ausencia de una estrategia enérgica en el área es consecuencia del desconocimiento de la magnitud del problema. Las organizaciones criminales se han instalado en la región y generan un corredor de comercio ilícito, de droga y de mercadería de contrabando, que se expande por el país. Sus efectos son los más dolorosos y castigan a los hogares de menos recursos.
Macri afirmó en su discurso que "la forma de lograr estos grandes objetivos es simple: el diálogo, el respeto, la suma de visiones son objetivos comunes" e invitó a que "nos unamos para alcanzarlos".
Hasta hoy prevaleció la política de negar la realidad y de ideologizar para dividir artificialmente al país. La propuesta del nuevo gobierno es alentadora y merece el apoyo de la sociedad. El tiempo demostrará si se avanza en ese rumbo y la ciudada nía, con su voto, dará el único veredicto legítimo: el de las urnas.

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