Más de 32 millones de argentinos están habilitados para elegir hoy al próximo presidente, en comicios que pondrán punto final a doce años de gobiernos kirchneristas y cuya principal incógnita es si serán decisivos o si habrá segunda vuelta dentro de un mes.
Tanto las primarias (PASO) realizadas el 9 de agosto pasado como los sondeos previos determinan que el Frente para la Victoria, con la fórmula Daniel Scioli-Carlos Zannini, lograría la mayor cantidad de votos, a la cabeza de seis binomios, la menor oferta presidencial registrada desde el regreso de la democracia.
De todos modos, resta saber si el binomio oficialista conseguirá alguna de las dos marcas que la Constitución Nacional determina que se deben alcanzar para imponerse en primera vuelta: lograr más del 45 por ciento de los votos "afirmativos válidamente emitidos", o el 40 por ciento y una diferencia de diez puntos porcentuales respecto del segundo.
La situación hace crecer la incertidumbre política porque el sistema de segunda vuelta, consagrado por la Carta Magna de 1994, nunca se utilizó en los hechos: debió haberse aplicado en 2003, pero entonces Carlos Menem retiró su postulación.
En torno al tema de si habrá segunda vuelta giraron los esfuerzos de los candidatos en los últimos días de la campaña, mientras que tanto la Justicia Electoral como el Gobierno extremaron recaudos para garantizar la transparencia en los comicios y asegurar la confianza del electorado.
Fecha del posible balotaje
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El eventual balotaje está previsto para el 22 de noviembre, en medio de un fin de semana largo por el feriado del 23 -Día de la Soberanía Nacional- aunque Cambiemos propuso que la jornada festiva se adelante al 16 para que no interfiera en los comicios. Tras el escándalo electoral en Tucumán, además, todos los frentes políticos pusieron en marcha una serie de medidas para reducir los riesgos de irregularidades: prepararon fiscales adicionales, designaron veedores en los centros del Correo y lanzaron campañas vía web a modo de prevención y a partir de la experiencia adquirida en las PASO, donde cada fuerza detectó debilidades en la fiscalización.
El Frente para la Victoria se mostró confiado en los últimos días en poder imponerse en primera vuelta: para ello mostró un frente interno relativamente unido, con varios respaldos explícitos de la presidenta Cristina Kirchner y de los gobernadores peronistas a Scioli.
En tanto, la fórmula de Cambiemos, compuesta por Mauricio Macri y Gabriela Michetti, convocó al "voto útil" para buscar forzar el balotaje. Es que ese frente opositor obtuvo el 30 por ciento de los votos en las primarias, Macri se ubicó en torno al 24 por ciento y apuesta a reunir a todos los adherentes de sus excompetidores, Ernesto Sanz y Elisa Carrió, y a seducir a independientes.
El binomio Sergio Massa-Gustavo Sáenz, en tanto, aseguró a los votantes que su fuerza logro "crecer" luego de las primarias y que es "la única" que pude derrotar a Scioli en una eventual segunda vuelta.
Buena parte de las miradas se centrarán hoy en la Provincia de Buenos Aires: varios estudios indican que el resultado de la elección presidencial en el distrito con más peso electoral del país es el que más se parece al que se termina dando a nivel nacional.
Por su parte, Margarita Stolbizer (Progresistas), Adolfo Rodríguez Saá (Compromiso Federal) y Nicolás Del Caño (Frente de Izquierda y de los Trabajadores), también compiten por la Presidencia, pero con un menor caudal de votos, según marcaron las primarias, por lo que apuntan en los hechos a otros objetivos políticos.
Stolbizer busca posicionarse como referente de un espacio de centroizquierda no peronista que quedó algo desdibujado luego de la implosión del frente UNEN y apunta a sumar legisladores nacionales.
Rodríguez Saá quiere revalidar su preeminencia en San Luis -triunfó allí en las PASO- y poner en juego esos votos a partir de acuerdos, si es que hay segunda vuelta. Del Caño, a su vez, busca hacer crecer el caudal de votos del Frente de Izquierda -apuesta a una elección histórica- y mejorar su representación legislativa.
Extranjeros habilitados
Del millón de argentinos que viven en el exterior, tan solo 40.000 están habilitados para votar. Los argentinos diseminados por el mundo que hoy podrán ir a las urnas en sus diversos países de residencia, y que elegirán presidente, diputados y gobernadores de acuerdo a sus últimos domicilios nacionales declarados en los papeles a través del sistema de boleta única. Que el número no sea más abultado no tiene respuesta solo por una supuesta apatía política -el voto en el exterior no es obligatorio- sino porque, además, la normativa vigente exige una serie de engorrosos requerimientos.
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