Cientos de magistrados de diferentes países se reunieron ayer en el Vaticano para reforzar la lucha contra el crimen organizado y el tráfico de seres humanos, que afectan a 40 millones de hombres, mujeres y niños en todo el mundo.
Durante el encuentro, en la Academia de Ciencias del Vaticano, el papa Francisco encabezó un acto en el que pronunció un contundente discurso ante fiscales y magistrados de Argentina y otros países, que participan del seminario: "Pido a los jueces que realicen su vocación y misión esencial, la de establecer la justicia sin la cual no hay ni orden, ni desarrollo sostenible e integral, ni paz social".
Francisco defendió con firmeza el derecho de la Iglesia a participar en cuestiones de interés para la sociedad al afirmar que "no cabe el adagio de la Ilustración de que la Iglesia no deba meterse en política: la Iglesia debe meterse en la alta política porque, cito a Pablo VI, la política es una de las formas mas altas del amor, de la caridad", ratificó y criticó a quienes "quieren dar una visión ilustrada de lo que debe ser una academia".
"Sin duda, uno de los más grandes males sociales del mundo de hoy es la corrupción en todos los niveles, la cual debilita cualquier gobierno, la democracia participativa y la actividad de la justicia", denunció el Papa argentino, antes de sacarse la foto grupal con los participantes y de definir como "verdaderos crímenes de lesa humanidad" a la trata, tráfico de personas y las nuevas formas de esclavitud, como el trabajo forzado, la prostitución, el tráfico de órganos, el comercio de la droga y la criminalidad organizada".
"A ustedes, jueces, corresponde hacer justicia, y les pido una especial atención en hacer justicia en el campo de la trata y del tráfico de personas y, frente a esto y al crimen organizado, les pido que se defiendan de caer en la telaraña de las corrupciones", sentenció el Papa, sentado al lado del legislador porteño Gustavo Vera, uno de los organizadores del encuentro.
En esa línea, el Papa expresó que "tal vez se puede ayudar el aplicar, según las modalidades propias de cada país, de cada continente y de cada tradición jurídica, la praxis italiana de recuperar los bienes mal habidos de los traficantes y delincuentes para ofrecerlos a la sociedad y, en concreto, para la reinserción de las víctimas".
"La rehabilitación de las víctimas y su reinserción en la sociedad, siempre realmente posible, es el mayor bien que podemos hacer a ellas mismas, a la comunidad y a la paz social. No hay pena válida sin esperanza. Sino es una tortura, no una pena. En esto me baso para afirmar la postura de la Iglesia contra la pena de muerte", agregó.
"Cuando decimos hacer justicia, como ustedes bien saben, no entendemos que se deba buscar el castigo por sí mismo, sino que, cuando caben penalidades, que éstas sean dadas para la reeducación de los responsables de tal modo que se les pueda abrir una esperanza de reinserción en la sociedad", sostuvo durante su mensaje.
"Los jueces están llamados hoy más que nunca a poner gran atención en las necesidades de las víctimas", sentenció.
El Pontífice los animó a "sentirse libres de las presiones de los gobiernos, de las instituciones privadas y, naturalmente, de las estructuras de pecado de las que habla mi predecesor Juan Pablo II, en particular el crimen organizado".
"Yo sé que ustedes sufren presiones y amenazas y sé que hoy día ser juez es arriesgar el pellejo y eso merece un reconocimiento a la valentía de aquellos que quieren seguir siendo libres en el ejercicio de su función jurídica. Sin esta libertad, el Poder Judicial de una Nación se corrompe", exclamó.
Durante su discurso, el Pontífice recordó además los coloquios previos realizados en el Vaticano sobre el tema: "el encuentro con los líderes religiosos de las principales religiones que hoy influyen en el mundo global, el 2 de diciembre de 2014, como asimismo la cumbre de los intendentes y alcaldes de las ciudades más importantes del mundo el 21 de julio de 2015", que mostraron el objetivo de "perseguir la erradicación de las nuevas formas de esclavitud".

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Álvaro Figueroa
Álvaro Figueroa · Hace 5 meses

Para tomar conciencia de la corrupción, el padre Jorge acostumbra mandar rosaritos, dar largas audiencias y repartir sonrisas, con cuantos corruptos andan sueltos por ahí.


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