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El papa Francisco y la política
¿Qué visión de la política ha madurado y expresa el papa Francisco? La complejidad del tema puede ser afrontada reflexionando sobre dos discursos que el Papa ha dirigido a dos grupos de personas muy diferentes. Discursos que suscitaron muchos intereses y merecieron interpretaciones diversas: el que dio en el Congreso de los Estados Unidos y el segundo discurso a los Movimientos populares, en Bolivia (2015).
Al leer los textos o al escuchar las palabras del Papa tanto en el Centro Expo Feria de Santa Cruz de la Sierra como ante el Congreso en Washington, comentaristas y profesionales del periodismo se plantearon diferentes preguntas: ¿el primer discurso fue quizá un mensaje contra corriente, con pasos adelante en el compromiso de la Iglesia en la justicia social con los pueblos más pobres; y el segundo, en cambio, un discurso políticamente correcto? ¿El primero debe ser considerado un manifiesto de acentos apocalípticos y utópicos, dirigido más a la emotividad que a la razón, y el segundo un discurso más intelectual, particularmente atento a no cometer errores? ¿Es el primero un discurso cuya cifra es el populismo, y el segundo un discurso político pragmático? ¿O bien tal como nosotros creemos ambos discursos pueden considerarse "acontecimientos catequéticos" con los cuales el Santo Padre encendió el corazón de cuantos trabajan por el bien común tanto en una cooperativa como en el Congreso, iluminándolo con la doctrina social de la Iglesia, predicada con coraje, inteligencia y pasión?
Frente a las diferentes posibilidades de interpretación que son ya signo de que los discursos del Papa contienen un plus de significado, y que no deben ser catalogados demasiado apresuradamente es necesario volver a leer sus palabras integrándolas en su contexto. Lo que implica, entre otras cosas, que se tengan presentes la doctrina social de la Iglesia y el discernimiento de Francisco con respecto a la necesidad de rehabilitar la política no sólo en la teoría mostrando lo positivo, en cuanto que es "una de las formas más altas de la caridad", sino también en la práctica, estableciendo un diálogo profundo y comprometido con todas las personas y grupos que actúan en ella, con cuantos trabajan por el bien común.

Los interlocutores preferidos

En el vuelo de regreso a Roma desde América latina, un periodista le preguntó al papa Francisco por qué él "apuesta mucho por los movimientos populares y menos por el mundo de la empresa". El Papa le respondió: "Todo aquello que he dicho (a los Movimientos populares) es doctrina social de la Iglesia, y cuando debo hablar al mundo de la empresa digo lo mismo, es decir, lo que le dice al mundo de la empresa la doctrina social de la Iglesia".
En su carta en ocasión del meeting de Davos-Klosters (Suiza), Francisco elogió la creatividad de losempresariosy su deseo de "marcar la diferencia"; denunció el poder del dinero por encima de la política; y les dijo a los empresarios cómo el sentido de trascendencia puede motivar también la economía.
Es un hecho que la respuesta de la gente simple, como la de los movimientos populares, a los llamados del Papa, es ciertamente más positiva que la de muchos estudiosos. Mientras estos últimos toman una cierta distancia crítica, los miembros de los Movimientos, a pesar de todas las diferencias ideológicas, apoyan más decididamente al Papa, el cual dice: "He conocido de cerca distintas experiencias donde los trabajadores unidos encooperativasy otras formas de organización comunitaria lograron crear trabajo donde sólo había sobras de la economía idolátrica".
Pero la adhesión y la simpatía que Francisco ha suscitado en los miembros del Congreso de los Estados Unidos demuestra que su revalorización de la política es bien recibida por todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Supo conquistar sus corazones al comenzar su discurso con las palabras del himno nacional, que recuerdan "la tierra de los libres y la casa de los valientes", y después los impulsó a hacer efectivo su coraje, luchando por "reformar el mundo", como se afirma en Laudato si, y hacer efectiva esa libertad, no permitiendo que "la política sea esclava de la economía y de las finanzas".
El Papa encuentra sus interlocutores preferidos en esas personas que, como quería Pablo VI, no se limitan a informarse y expresar una opinión, sino que se comprometen en una responsabilidad política comunitaria (cfr. OA 47). La rehabilitación de la política es "un hecho colectivo", como afirmaban los obispos franceses, y en la práctica se obtiene apreciando a todo el que trabaja por el bien común. La política se ejercita de manera dialógica, creando consenso y compromiso común. Donde encuentra estas actitudes, el Papa recibe una acogida mejor.

Un discurso pastoral

¿Qué concepción hay detrás de este desafío que plantea el Papa y que nos abarca a todos? Sin duda se trata de una concepción claramente pastoral. Un discurso es "pastoral" cuando se incultura para evangelizar, cuando se abaja y se hace pobre (cfr. 2 Cor 8, 9) para que el otro, a partir de sucultura, elija qué integrar de lo que se le propone, y así, para decirlo de alguna manera, "se evangelice a sí mismo"; o mejor, para que el Espíritu entre directamente en contacto con esa persona, ese grupo o ese pueblo, sin que la cultura del predicador sea de obstáculo, porque es mala sino porque es diferente. Es el "hacerse todo para todos" de Pablo (cfr. 1 Cor 9, 19-29).
Podemos recordar dos ejemplos de este "abajamiento" presentados por el Papa. El primero fue en Bolivia, cuando habló de la Virgen.
Apelando al corazón de quienes lo escuchaban, les pidió: "Tengamos siempre presente en el corazón a la Virgen María, una madre sin techo que supo transformar una cueva de animales en la casa de Jesús. Yo rezo a la Virgen María, tan venerada por el pueblo boliviano, para que permita que este encuentro nuestro sea fermento de cambio". Y después de este momento emocionante, concluyó diciendo espontáneamente: "El cura habla largo parece ¿no?".
Esta capacidad del Papa de relativizarse y tener en cuenta también las situaciones de quienes podrían ser una audiencia menos conmovida o interesada, manifiesta su propósito pastoral: mientras consigna el mensaje más válido el modelo de la Virgen siente que él debe de retirarse no es "el Papa", sino "un cura que habla largo" para quien escucha pueda permanecer con "su" Virgen.
El segundo ejemplo el Papa lo dio en Washington, con la manera humilde de concluir un discurso que podríamos definir "histórico", diciendo simplemente: "Me he animado a esbozar algunas de las riquezas de su patrimonio cultural, del alma de su pueblo".
El Papa estructuró su discurso al Congreso en clave "filial", presentando al pueblo norteamericano el ejemplo de los sueños de tres de sus hijos y una de sus hijas. La perspectiva humilde podemos advertirla en el deseo de Francisco de hablarle al alma del pueblo norteamericano, definiéndose como "un hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes", que habla a un pueblo "de sus hijos". Dijo, entre otras cosas: "¿No era lo que queríamos para nuestros hijos?".
Al periodista que lo interrogaba sobre la influencia en los movimientos populares y afirmaba: "Usted se pone como nuevo líder mundial de las políticas alternativas", el Papa le respondió: "El mundo de los movimientos populares es una realidad muy grande.
Lo que yo he hecho es darles a ellos la doctrina social de la Iglesia, lo mismo que hago con el mundo de la empresa" (y de la política, podemos agregar ahora, después del discurso de Washington).
Los discursos del Papa son "un resumen de la doctrina social de la Iglesia, pero aplicada a su situación". Esta referencia a la "situación" es significativa: es el plus que el papa Francisco aporta, el discernimiento de qué se debe decir y con qué lenguaje apto para las diferentes circunstancias debe ser dicho. El contenido es la doctrina social: "Soy yo -dijo el Papa- el que sigo a la Iglesia. Yo simplemente predico la doctrina social de la Iglesia a estos movimientos. No es una mano tendida a un enemigo. No es un hecho político, no. Es un hecho catequético. Quiero dejar claro esto".
A los miembros de los movimientos populares de las naciones latinoamericanas, que generalmente han conocido desde chicos el catecismo, el Papa les habló de la Virgen en el "idioma del catecismo".
A los miembros del Congreso norteamericano les mostró la imagen de Moisés, que preside la sala, evocando recuerdos del catecismo a judíos y cristianos. Es el género literario a partir del cual deben interpretarse sus discursos políticos. Estos entonces adquieren toda su fuerza profética y evangélica, y pierden toda otra connotación que pueden tener cuando se los lee desde otros parámetros.
En los Estados Unidos, el plus de sentido se encuentra en la referencia que el Papa hizo a los sueños del país: los de Lincoln, Luther King, Dorothy Day y Merton, "sueños que despiertan lo más profundo y verdadero que se encuentra en los pueblos"; el sueño de millones de personas que emigraron a esta "tierra que ha permitido a muchos soñar" (así concluyó su discurso).

Conclusión

El discurso a los movimientos populares y el discurso al Congreso de los Estados Unidos se revelan, entonces, como una catequesis sobre la doctrina social de la Iglesia realizada por el papa Francisco a sus interlocutores.
Es decir, una catequesis totalmente situada y contextualizada. Con el "plus" que tiene todo lo que adquiere la consistencia de la "universalidad concreta". En cuanto universal, tiene la fuerza de un mensaje dirigido a todos; en cuanto concreto, es posible recoger el fruto y traducirlo en otras realidades, teniendo sin embargo cuidado de no sustraer las cosas de su contexto.
Toda persona, todo grupo, todo sector de la sociedad tiene que escuchar el mensaje común de la doctrina social de la Iglesia y la parte específica que se refiere a él, dejándose conquistar el corazón, así como lo hicieron, cada uno a su manera, los miembros de los Movimientos populares y los del Congreso norteamericano. De esta manera, cada sector se transforma en agente activo y creativo de la deseada y necesaria rehabilitación de la política. (Traducción de José María Poirier. Publicado en Revista Criterio).


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