El Plan Belgrano, una promesa alentadora para la región

El Plan Belgrano, una promesa alentadora para la región

Hoy se cumple el primer mes de la presidencia de Mauricio Macri y sería prematuro efectuar un balance. Solo cabe acotar que existen indicios alentadores pero también preocupación por el desenvolvimiento de la economía, en el marco de un panorama social negativo, cuya superación demandará un trabajo arduo.
Para nuestra región, la ratificación del Plan Belgrano sigue generando expectativa. La presencia en Salta del coordinador del proyecto, José Cano, corroboró que no es una mera promesa de campaña, sino un compromiso.
La iniciativa contiene aspectos esenciales. En primer lugar, el diagnóstico confirma que el NOA y el NEA son áreas subdesarrolladas donde prevalece la economía marginal y donde la falta de inversión y de infraestructura ha generado un territorio ideal para la proliferación de la pobreza, el desempleo y el narcotráfico.
De ese modo, a pesar de que se trata de un plan diseñado por la coalición gobernante, sin participación activa de los núcleos de opinión regionales, todo indica que varios planteos formulados por El Tribuno y por la mayoría de los salteños han sido escuchados en los ámbitos de decisión.
Además, es de destacar que se trata de un programa nacional, integrado a un proyecto de país.
Si se concretan los objetivos de modernización vial y ferroviaria, la economía regional podrá incorporarse al siglo XXI. Por otra parte, los programas de contención social diseñados reúnen las condiciones para superar aberraciones sociales tales como la desnutrición que sufren las provincias del norte, y en particular Salta.
La falta de precisiones en cuanto a plazos de ejecución de las obras y de las fuentes de financiamiento impiden trasladar el proyecto desde el plano de los buenos deseos al de la certeza de haber alcanzado una reivindicación de las grandes aspiraciones regionales.
Lo que está en juego son intereses y necesidades esenciales para los salteños.
Cada paso que se concrete irá convalidando la confianza inicial que inspira el Plan Belgrano. Las demoras y dilaciones, en cambio, resultarían desalentadoras para una provincia que desde hace años escucha las promesas de "revoluciones" y "decisiones históricas", mientras la crisis social se profundiza día por día.
Hay desengaños recientes que erosionan la credibilidad de las promesas oficiales. El Fondo de Reparación Histórica para los departamentos del norte salteño es, a nivel provincial, el caso más resonante del uso electoral de los fondos públicos sin resultados evaluables. Del mismo modo, la demora de ocho años en la construcción de la autopista sobre la ruta 50, entre Orán y Pichanal, se convirtió en una estafa grosera, agravada por los permanentes accidentes fatales que allí se producen. Lo mismo sucede con las rutas 9 y 34, donde en 2015 murieron 110 personas en siniestros viales.
La reactivación ferroviaria es un capítulo aparte. El programa de reparación y modernización de rieles y material rodante, y la complementación entre los ramales Belgrano, Mitre y Urquiza, es un anuncio vital para una región cuyo PBI per cápita equivale a la mitad de la media nacional. Desde hace no menos de cuatro décadas el ferrocarril General Belgrano resultó progresivamente destruido como medio de transporte de carga. Contribuyeron la desidia, la ineficiencia y las malas decisiones políticas, y la producción salteña quedó en absoluta dependencia del servicio automotor, mucho más caro.
El Plan Belgrano, si se concreta, generará las condiciones básicas para el desarrollo de la región. De cada provincia dependerá, en gran parte, que esa infraestructura se traduzca en inversión productiva y en el surgimiento de una industria agroalimentaria con potencial exportador que genere empleo y calidad de vida. Si el gobierno de Salta se inclina por otras prioridades y mantiene las normativas que desalientan la inversión, condicionan el desarrollo productivo y se rige con discrecionalidad como la que evidencia muchas decisiones recientes adoptadas en esta materia, la incorporación a cualquier proyecto de desarrollo nacional se verá frustrada. En ese caso, todo seguirá como en los últimos ocho años.

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