El deterioro de la economía nacional aferra, como náufragos a una tabla, a los intendentes municipales del Norte Grande para acceder al reparto incierto de los millones de dólares del Plan Belgrano. Más allá de fotos y palmadas en las espaldas, ninguna autoridad nacional o provincial informó hasta ahora a la opinión pública sobre proyectos viables en preparación. Al menos hay una buena noticia: ambas universidades salteñas ofrecieron asistencia para las etapas de evaluación y formulación, pues los municipios carecen de equipos idóneos. Sin embargo, y tal como analizamos el tema en estas páginas, nadie sabe cuándo comenzarán los desembolsos ni cómo se administrarán; menos aún cómo se articularán miles de planes en función de algún plan maestro; o quién arbitrará en caso de desinteligencias. Sería descabellado que, para variar, los intendentes queden doblemente rehenes: por un lado de los fondos provinciales que deben recibir y no reciben en tiempo y forma; por otro, de las ofertas de US$16.000 millones vía Plan Belgrano. La propuesta del presidente Macri para que el intendente Sáenz presida la Federación Argentina de Municipios suena al sempiterno juego político de los inquilinos de la Casa Rosada: unidos y alineados, palo y chequera.
El gobernador Urtubey sostuvo, en reciente encuentro en el IAE de la Universidad Austral, que Salta crece 1 punto por sobre la media nacional y recién alcanzaría el PBI per cápita argentino ­dentro de 130 años! Como estamos, dijo, en el mejor de los casos seguiremos en el modelo industrial del siglo pasado (que nunca tuvimos, aclaremos). Tan sombrío panorama requiere mucha imaginación y además aprovechar lo que hay a nuestro alcance. Ante el anuncio de que la Provincia emitirá bonos de deuda pública por US$250 millones, el jefe de Gabinete Sr. Parodi, previo a reunirse con JMU en Nueva York, comentó en la Legislatura que todavía no está definido para qué se utilizaría ese dinero, aunque no se descarta que una parte se destine a los municipios. El carro delante del caballo, entonces. Y, por su lado, los diputados están debatiendo un crédito a 10 años de $800 millones del Fondo Fiduciario Federal de Infraestructura Regional ley n§ 24.855/1997), que depende de la jefatura de Gabinete nacional, para efectuar "obras postergadas". Como se ve, hay en el horizonte chorros de plata fresca. Frente a esas confesiones de parte y ante las inquietudes comunales cabe preguntar, ¿para qué tenemos un Plan de Desarrollo Estratégico 2030 (PDE), una Secretaría de Planificación Estratégica (SPE) y un Consejo Económico y Social (CEyS)? Los tres constituyen fortalezas con las que cuenta la Provincia. Sin embargo, preocupa que hasta hoy no sepamos en qué instancia provincial se coordinarán los proyectos municipales y provinciales. El PDE 2030 implicó un encomiable esfuerzo multilateral: especialistas, universidades, colegios y consejos profesionales, cámaras empresariales y gremios, trabajaron juntos en la tarea de preparar un plan provincial para el largo plazo; se aprobó por decreto n§ 2748/2012 en los términos del artículo 77 de la Constitución Provincial (que instituyó el CEyS). Eso ocurrió meses después de la creación de la SPE en 2011 y poco antes de la aprobación por la legislatura de la ley n§ 7.784/2013 implementando el Consejo. Concluidas las etapas de entendimiento, diagnóstico y formulación, correspondía la de implementación. ¿Implementación? ¿Acaso la hubo? En perspectiva geoestratégica, al PDES le faltan dos elementos indispensables sin los cuales toda su cuidadosa elaboración puede perder sentido y eficacia, que tal vez se supeditaban a un debate posterior en el seno del CEyS (¿dónde si no?). Uno es definir la meta, algo conceptualmente distinto a los objetivos. En efecto, sostener una meta clara es ubicar el punto en que converjan todos los puntos del universo, como un aleph borgeano. Si los objetivos no están orientados hacia una meta perderán eficacia, pues ella opera como el hilo en que se enhebran las cuentas (los objetivos, para el caso) del collar. El otro elemento faltante es la definición de prioridades. ¿Está prevista alguna instancia de debate para que los brumosos fondos del Plan Belgrano, los del empréstito internacional y el crédito fiduciario produzcan un efecto multiplicador apuntando a donde corresponde: la desvencijada estructura económica de Salta? Para que esté claro: no es lo mismo 20.000 viviendas que Zanja del Tigre, 2.000 metros de cordón cuneta que 10 emprendimientos pyme. Siempre quedamos supeditados al choque cósmico entre lo importante y lo urgente. Por eso llama la atención que ante los anuncios del Plan Belgrano ¿bomba de humo, espejismo?- y del inminente endeudamiento provincial, ni la SPE, ni el CEyS, ni el Foro de Intendentes de la Provincia (otro ámbito que debiera estar activado) sean movilizados para programas la maximización de los eventuales recursos y a la vez su despilfarro o desvío. Si el dinero que se anticipa se destinará a financiar déficit y gastos corrientes, habremos perdido una oportunidad histórica y cometido una afrenta ilevantable al pueblo salteño. Desde luego que cuestiones urgentes requieren recursos hoy agotados, pero igual resulta imprescindible movilizar el aparato productivo provincial, sobre todo cuando la Provincia está constituyéndose en otra "puerta" de entrada y salida de la Argentina, con la habilitación de vuelos a Lima y Santa Cruz de la Sierra y la rehabilitación del tren a Antofagasta. Eso solo puede hacerlo Salta. Según se presenta el panorama, nada indica que los proyectos en carpeta se adecuen a los lineamientos del Plan de Desarrollo Estratégico 2030, lo cual implicaría un gravísimo error. No perdamos tiempo, trabajemos y obremos en consecuencia.

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