En recientes declaraciones al diario El País, Pablo Iglesias, el líder del nuevo partido español Podemos ha reconocido que su formación tiene "rasgos peronistas".
Ha añadido que Ernesto Laclau, autor de La razón populista, es el "padre intelectual" de Íñigo Errejón, secretario de Política y Estrategia del partido. Iglesias, como aconteciera en España con Santiago Carrillo cuando propició el eurocomunismo, ha encontrado en el europopulismo un sucedáneo del viejo leninismo.
Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, como lo han reconocido en varias entrevistas, han sido seducidos por la lectura de las tesis del politólogo argentino Ernesto Laclau.
Los líderes de Podemos han imaginado que el populismo es un vector que los puede instalar en las puertas del poder.
El "asalto a los cielos", una metáfora utilizada por Marx para señalar la toma del poder por la clase obrera en la Comuna de París, sería factible, según ellos, en la España contemporánea, a lomos del populismo.
La idea que los líderes de Podemos se han hecho del populismo está contaminada por la interpretación sesgada y equívoca que ha difundido Laclau.
El posmarxismo, tras la caída del Muro de Berlín y la verificación del fracaso del experimento leninista de dictadura del proletariado, ha buscado con ahínco un nuevo vector para asaltar la ciudadela del capitalismo.
Dirigieron sus miradas a América Latina cuando emergió el subcomandante Marcos en la Selva Lacandona y luego creyeron ver en Hugo Chávez un líder popular capaz de acabar con el capitalismo. De allí proviene la fascinación de Laclau por el socialismo bolivariano y su reivindicación del populismo peronista.
Lo que hizo Ernesto Laclau en su libro La razón populista fue revestir algunas conocidas tesis políticas con una fraseología proveniente del estructuralismo francés.
La existencia de partidos catch-all (atrapa-lo-todo) con programas amplios, dirigidos a satisfacer demandas de distintos extractos sociales, ya había sido expuesta en varios ensayos políticos.
Laclau utilizó expresiones extravagantes -"cadena equivalencial de significantes"- para hacer referencia a esos programas políticos, en una utilización artificiosa e innecesaria del lenguaje esotérico característico de uno de sus mentores ideológicos, el psicoanalista Jacques Lacan.
Otra de las creaciones retóricas de Laclau es el concepto de "significante vacío", un eufemismo para hacer referencia a los liderazgos carismáticos tan relevantes en el populismo. La necesidad de unir elementos heterogéneos mediante una singularidad, explica el rol que juega el líder. Se produce el fenómeno de la encarnación cuando un sujeto concreto (Perón, Mao... ¿Pablo Iglesias?) es objeto de una investidura afectiva (catéctica, en la jerga lacaniana de Laclau) lo que permite erigir al pueblo como agente histórico del cambio.
Al poner el acento en las políticas de bienestar social, en la necesidad de renovar la democracia y atender las necesidades de los excluidos, el populismo puede entenderse como una forma de democracia radical. Sin embargo, el despliegue real en los países Latinoamericanos como Venezuela y Argentina, ha demostrado que el culto a la personalidad, el uso discrecional de los recursos del Estado y la indiferencia a las restricciones propias de la economía, han llevado a esos países a graves crisis económicas, políticas y sociales.
El riesgo mayor del populismo es que la atribución de la representación del pueblo puede convertirse en la excusa perfecta para atacar a los adversarios y destruir las bases del pluralismo y la convivencia democrática.
La ilusión de un pueblo unido que quiere refundar la democracia sobre nuevas bases puede incubar la idea totalitaria de una unidad sin fisuras. Como señala Benjamín Arditi "el populismo puede permanecer dentro de los límites de la democracia, pero también puede llegar al punto en el que ambos entran en conflicto y pueden incluso llegar a tomar caminos separados".

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