No son pocos los políticos que gustan autotitularse de "progresistas", pero que el análisis de sus dichos y hechos revelan un decir y un pensar propio de la antigüedad. Esto ocurre, por ejemplo, entre los populistas latinoamericanos, que -en rigor- sin decirlo expresamente, proponen (y practican) un retorno al absolutismo. Pero ¿qué es el absolutismo?:
El régimen absolutista, característico de las monarquías medioevales y que perduró hasta fines del siglo XVIII, responde a un criterio de unidad, y de ahí que en el rey se concentren todos los poderes, contrariamente a lo que sucede en las democracias modernas -llámense repúblicas o monarquías constitucionales-, cuyo principal fundamento deriva de la división de los poderes del Estado como medio de compensación de las tendencias despóticas que pudieran animar a cualquiera de ellos.
El populismo progresista latinoamericano se estructura sobre la base de un "líder, jefe o caudillo", sin ideología precisa en el que "se concentren todos los poderes", lo que lo convierte en un equivalente a un rey moderno, por lo que no cabe ninguna duda que su gobierno se trasforma en un régimen absolutista.
El populismo progresista es por antonomasia un sistema de concentración de poder.
Las tediosas peroratas de los progre-populistas hablan incesantemente de "democracia", pero la democracia es un sistema "cuyo principal fundamento deriva de la división de los poderes del Estado como medio de compensación de las tendencias despóticas que pudieran animar a cualquiera de ellos".
Bien cabe asimilar el progre-populismo a una monarquía oriental, una dictadura, una tiranía o a un totalitarismo, ya que en cualquiera de estos regímenes el líder, jefe, conductor o caudillo esta por encima de la ley, puesto que es la fuente de ésta, toda vez que los jefes populistas no tienen limitaciones a su absolutismo.
Esto lo vemos nítidamente en los progre-populismos latinoamericanos, donde sus "modernos" monarcas y sus hordas vociferantes propician desvergonzadamente reformas constitucionales para perpetuarse en el poder.
El absolutismo de estos populistas implica -ni más ni menos- hacer lo que se les da la gana con los recursos de los demás. Es decir, disponer de ellos a su antojo y capricho, y así normalmente advertimos que proceden los modernos populistas absolutos, con sus nacionalizaciones, confiscaciones, apropiaciones y demás atropellos que cometen a diario contra las propiedades de las personas, especialmente de aquellas que no comulgan con su totalitario ideario.
"Según la teoría que sirve de base al totalitarismo, su esencia reside en la posibilidad de que el Estado logre un control total no solo de las actitudes y actividades del individuo, sino también de sus voliciones y pensamientos.
Los enunciadores del dogma del totalitarismo alemán llegaron a afirmar que "el criterio que inspira las reglas de nuestro sistema parte de la factibilidad del sometimiento del individuo por medio del temor".
Las condiciones básicas para el desarrollo del totalitarismo fueron dadas, involuntariamente, por los elementos integrantes de la "sociedad de masas", en la que se encuentran en forma incipiente los gérmenes de la "pasión por la unanimidad".

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