Las comunidades kollas del departamento de Orán se encuentran en estado de alerta ante la falta de obras de encauzamiento de los ríos de la zona, entre ellos el río Blanco, que suelen desbordarse durante la época estival.
Las zonas más afectadas son los parajes Angosto de Paraní, Río Blanquito, Los Naranjos y San Andrés, entre otros. Esta situación perjudica a las más de 450 familias que residen en la región.
Por ello, las comunidades elevaron un petitorio a autoridades nacionales para que les brinden una solución urgente.
En el petitorio se explica cuáles son los riesgos a los que están expuestos los habitantes de los parajes de los cerros.
"Debido a las crecidas de los ríos, comunidades enteras quedamos aisladas y las obras prometidas nunca llegan", señaló el profesor Ceferino Zárate, vocero y referente de las comunidades aborígenes que viven en la zona serrana de Orán.
Piden la construcción de acceso permanente a los distintos parajes. La obra debe incluir apertura, enripiado, badenes, puentes y alcantarillado.

La comunidad kolla
La mayoría de los habitantes de estos parajes pertenecen al pueblo kolla Tinkunaku Ayllus, la cual es reconocida por el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas, por derecho constitucional, con un territorio de 120 mil hectáreas. De este total, 100 mil están escrituradas en la Dirección Provincial de Inmuebles de la Provincia. Habitan allí unas 450 familias de forma permanente.
En el territorio comunitario funcionan cuatro establecimientos escolares primarios y cuatro secundarios. También cuentan con cuatro salas de enfermería, varios oratorios pertenecientes a las iglesias Católica y Evangélica, clubes deportivos y otras instituciones. Las familias subsisten del trabajo agrícola.

Problemas críticos
Estos parajes se encuentran en promedio a una distancia de 80 km de la ciudad de Orán. Se trata de una región inhóspita debido a su geografía, agravada por el aislamiento total que sufren durante el verano.
Esta situación crítica genera el desabastecimiento de la población, ante la imposibilidad de ingresar mercaderías para los pobladores. Lo mismo ocurre con la asistencia a enfermos, niños, ancianos y embarazadas. Las ambulancias no llegan. Las medicinas y los alimentos son arrojados desde el aire por los bomberos.
Cuando las aguas bajan, docentes y alumnos tienen enormes dificultades para llegar a sus escuelas. En algunos sectores los tractores son el único medio que puede transitar por caminos precarios y huellas de ríos.
Para poder acceder a alguna ayuda, los pobladores deben en muchos casos realizar viajes de hasta 10 horas, bajo la lluvia, expuestos a las picaduras de insectos y felinos.
Por otro lado, preocupa a la comunidad los constantes accidentes por el desborde de los ríos, cuyas aguas ya se cobraron varias víctimas fatales.

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Sección Editorial

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