Un alisado permanente no es cualquier proceso y el verdadero reto comienza una vez que se sale de la peluquería.
En principio hay que lavar el cabello cada tres día y no a diario, pues además de limpiar los lípidos naturales que protegen el cuero cabelludo, en el caso de un alisado permanente esto permite prolongar el resultado del proceso.
Además de la frecuencia, también es vital que se lo lave de la forma correcta. Se debe aplicar el champú sin retorcer como si fuera ropa, solo hay que dar un ligero masaje con las yemas de los dedos al cuero cabelludo y extender la espuma que se forma en el resto del cabello. Para enjuagar solo dejar caer el chorro de agua y frotar suavemente con las manos para eliminar el champú. Luego aplicar un acondicionador o tratamiento y usar un peine de dientes anchos para desenredarlo, mientras se lo enjuaga dejando caer el agua.
Al secarlo, nunca hay que exprimirlo y mucho menos retorcerlo con la toalla. Únicamente se puede presionar con las manos para retirar el exceso de agua.
El champú perfecto para usar luego del alisado debe ser suave, libre de sulfatos y de preferencia para cabello maltratado y también hay que usar un acondicionador, pero únicamente de medios a puntas. Lo recomendable es dejarlo actuar 5 minutos antes de enjuagarlo. No hay que perder de vista que es un cabello procesado, por lo que se necesita más tiempo para que actúe el tratamiento y pueda restablecer su hidratación natural. Con esto se le da más brillo, suavidad y se evita que se esponje.
Para plancharlo hay que aplicar una crema para peinar (que no se enjuague) sobre el cabello húmedo. Luego, usar la secadora, siempre echando el aire hacia abajo porque si se lo hace en todas direcciones se terminará con el cabello muy esponjado. Una vez que esté perfectamente seco, recién se puede aplicar un protector de calor y usar la planchita a una temperatura media.

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