El 4 de junio venidero, hará 57 años que el doctor Atilio Cornejo, por entonces miembro de la Academia Nacional de la Historia, trajo desde Buenos Aires un cofre con los restos del general Juan Antonio Álvarez de Arenales.
Luego, por gestiones del arzobispo de Salta, monseñor Roberto Tavella, y del vicario general de la Arquidiócesis, monseñor Miguel Ángel Vergara, la caja funeraria fue depositada provisoriamente en la capilla privada del arzobispado. Posteriormente, el 25 de mayo de 1960, cuando se celebró el 150º Aniversario de la Revolución de Mayo (El Tribuno 13.06.1959), los restos del general Arenales fueron depositados, con todos los honores, en el Panteón de las Glorias del Norte de la Catedral de Salta.
Su vida
El general Álvarez de Arenales nació el 13 de junio de 1770 en Villa de Reinosa, Castilla la Vieja, España. Según sus biógrafos, a la muerte de su padre siguió la carrera de las armas, profesión que lo trajo a Buenos Aires en los últimos años de la colonia. Sus primeras acciones militares fueron en la Banda Oriental y, cuando solo contaba con 24 años, fue nombrado por el Virrey del Río de la Plata, don Nicolás de Archondo, teniente coronel de milicias de Buenos Aires.
Cuando comenzaron en el Alto Perú los movimientos revolucionarios, Arenales se encontraba por allí ejerciendo funciones militares. No obstante ello, de inmediato se identificó con el movimiento revolucionario de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809 y, desde entonces, abrazó la 'causa americana". La represión realista desatada en Chuquisaca, lo trajo a Salta, y aquí se casó con Serafina de Hoyos y Torres, dama salteña con la cual tuvo varios hijos.
La Revolución de Mayo
Producido el movimiento revolucionario de 1810, Álvarez de Arenales no dudó en sumarse a ella, y múltiples fueron sus acciones militares y los cargos político-institucionales que ocupó.
Años después, bajo las órdenes del general Manuel Belgrano participó de la batalla de Salta en 1813. También estuvo en la primera y segunda "Campaña a la Sierra" a cargo del general José de San Martín; en 1814 inmortalizó su nombre en la batalla de "La Florida"; y en 1824 fue gobernador de Salta y más tarde de Cochabamba. Anteriormente, en 1822, luego de Guayaquil, San Martín le había delegado el mando de sus tropas, siendo informando de ello Simón Bolívar.
El exilio
"En noviembre de 1831, los vaivenes políticos lo arrojaron al exilio. Enfermo fue a dar en Moraya, un pueblito ubicado a dos leguas de Tupiza. Aquel par de pueblos -cuenta el Dr. Bernardo Frías-, con Sococha, Mojo, Suipacha, Nazareno y Cotagaita formaban la línea de frontera de lo que había sido el Alto Perú. El pueblito era el más pobre de la tierra, de manera que Arenales, llegado con su familia a la caída de la tarde, apenas si encontró techo para alojarse. Por fortuna se encontró con la generosidad de don Fausto Villegas, que le brindó atenciones. La hidropesía lo mortificaba, y en el viaje había sufrido un ataque que luego lo condujo a la muerte a poco de llegar a Moraya. El 4 de diciembre de 1831, el general se quiso levantar del lecho, pero ya no tenía fuerzas. Fue al amanecer cuando, asistido por el padre Hoyos, entregó su alma a Dios.

Arenales vuelve a Salta

La reliquia de Arenales permaneció en poder de sus descendientes hasta que estos dispensaron al doctor Atilio Cornejo, el honor de traerla a Salta. Aquí permaneció en la Capilla del Arzobispado, hasta contar con una urna definitiva. Concluido el cofre, en una ceremonia especial, un descendiente suyo, Federico Castellanos, introdujo la reliquia en la urna que actualmente se encuentra en el Panteón de las Glorias del Norte.
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25 de mayo de  1960. La urna funeraria de Arenales, en el Panteón de las Glorias del Norte. 
25 de mayo de 1960. La urna funeraria de Arenales, en el Panteón de las Glorias del Norte.

Los restos de Arenales

El 5 de diciembre de 1831, Álvarez de Arenales fue sepultado en la capilla de Moraya y allí permanecieron sus restos hasta que fueron retirados por la señora de Pizarro.
El historiador Fermín V. Arenas Luque, aportó importantes datos sobre el destino que sufrieron los restos de Arenales: “Cuando un terremoto sacudió a Moraya, la iglesia del pueblo se derrumbó. Las sepulturas se removieron y por ello algunas fueron profanadas. Con temor de que pudiese ocurrir lo mismo con los restos de Arenales, el coronel Pizarro los extrajo del lugar y los depositó en el osario común, excepto la calavera, que quedó en su poder”. Tiempo después, en 1870, ese resto del prócer fue llevado a Buenos Aires, por un señor Arraya quien lo entregó a su hija María Josefa Álvarez de Arenales de Uriburu.


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