La pirotecnia es nociva para la salud. El oído humano está preparado para sonidos normales de hasta 90 decibeles. Las detonaciones producidas por algunos petardos, morteros u otros explosivos en ocasiones superan los 150 decibeles. Esto aumenta cuando los estallidos se producen dentro de tarros o ambientes cerrados, una práctica común entre los jóvenes, debido a la reflexión de la onda sonora. Además, esa explosión se produce en pocas centésimas de segundo por lo que el oído no llega a activar ningún mecanismo de defensa.
En épocas de las fiestas de fin de año, en general hay un aumento considerable de las consultas por trauma acústico.
Los más afectados son niños y jóvenes debido a la cantidad de pirotecnia que utilizan y a la proximidad con el lugar del estallido.
Una explosión de alta intensidad provoca lo que se denomina trauma acústico, que es una lesión del oído interno. Pueden aparecer ruidos en el oído denominados acúfenos. Estos ocasionalmente remiten, pero a veces pueden quedar como una lesión permanente que acarrea problemas auditivos, algunos inmediatos. De ser repetida la exposición podrían incluso afectar la comunicación oral.
No toda la pirotecnia es nociva desde el punto de vista auditivo. Algunos fuegos artificiales no producen detonaciones de alta intensidad y otros, por sus características, explotan al aire libre y a una altura en la que no afectan al oído humano.

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