El sapito que marea

Rodolfo Ceballos

El sapito que marea

Un niño se encuentra en un lugar de cierta atemporalidad y con una historia singular, hecha de novedades, de azar y de un mundo adulto que le preexiste.
El juego puede ser esa novedad y la historia un personaje famoso. Mucho contribuyen las canciones infantiles con música inolvidable.
Quizás por los años que lleva escuchándose "El Sapo Pepe" es costumbre antigua en la cultura infantil. Aunque no tan joven, en dos años ya cumplirá treinta de vida.
"Le digo Pepe, vení, y él salta y salta", dice el sabido estribillo que muestra, por identificación del chico que la escucha con el sapito, que casi se está hablando de él.
El Sapo Pepe sobrevive en dos generaciones. Y ese es su mérito, haber logrado que en el deseo del niño el animalito no se convierta en un desperdicio, quede integrado a su fantasía y recreación infantil.
Analía García compuso al Sapo Pepe en 1988 y pronto se hizo eco en todas las maestras jardineras de Buenos Aires.
Su difusión fue muy lejos y en las redes sociales y con lógica de mercado, hay un marketing imparable.
Muchos niños preguntan por qué el Sapo Pepe es tan desobediente.
En el niño cohabitan el deseo de saber y la necesidad de comprender y esta canción ayuda a la curiosidad.
La forma de ser del sapito dispara preguntas y una es sobre la obediencia. Su letra advierte: " No me hace caso siempre salta así".
Deja inquietudes metafísicas, entre ellas si el niño puede aprender a saber el efecto que produce su conducta en el adulto y es por eso que la canción le repite: "Pepe pará y él salta,/me vas a marear me vas a marear".
A los niños les cuesta, según sus intereses, cumplir consignas hasta que logran, a veces, derrotar a su cuidador, que busca imponer la norma.
Y esto que ocurre en la vida pasó muy bien en la canción con más de un millón y media de bajadas en la web.

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