Mauricio Macri está acumulando poder rápidamente con la receta más sencilla e implacable: el sentido común. Sus primeras señales fueron de convivencia con la diversidad en lo político, de armonía con los medios de comunicación y de distensión con la Justicia. La gran incógnita, sin lugar a dudas, continúa siendo el manejo de la economía y sus inevitables derivaciones sociales. En ese sentido, las próximas 96 horas serán determinantes para el futuro del país.
En materia institucional, el Gobierno nacional tomó la decisión de ser racional desde el primer día. Convocar inmediatamente a todos los candidatos que compitieron contra él no solo mostró a Macri tolerante ante la opinión pública, fue un gesto de acercamiento al setenta por ciento de la sociedad que le dio la espalda el 25 de octubre. El presidente sabe a la perfección que se vienen meses durísimos para la Argentina y que se necesita de un amplio consenso político para tomar medidas que no serán muy populares para anunciar. Entre ellas se descuenta la devaluación del peso, una posible suba de tarifas y una compleja relación comercial entre la Nación y las provincias. La reunión de ayer entre Macri y los gobernadores fue un puntapié inicial muy auspicioso para lo que se viene: una dura disputa por los recursos públicos entre los distritos, profundizada luego del fallo de la Corte que obliga a reponer 80 mil millones de pesos a tres provincias. La asistencia perfecta de mandatarios provinciales en la Quinta de Olivos es un claro ejemplo del cambio de aire que se vive desde el 22 de noviembre en la Argentina. Estuvo desde el socialista Miguel Lifchitz hasta la ultra K Alicia Kirchner. Ninguno quiso tomar la insólita postura del izquierdista Nicolás del Caño al preferir la confrontación típica del kirchnerismo y no sentarse con el nuevo jefe de Estado.
Es evidente que, en el ejercicio del poder, la filosofía de Cambiemos es exactamente la inversa del kirchnerismo: evitar la confrontación a toda costa. Esa estrategia, seductora desde lo comunicacional, tuvo anteayer su primera piedra gruesa en el camino: los bancos se niegan a acatar la decisión del Banco Central de quitarles el negocio con el dólar futuro que hicieron durante la deslucida gestión de Alejandro Vanoli.
La decisión de Federico Sturzenneger es totalmente lógica, pero amenaza con tensionar la relación con futuros prestamistas que colaboren con la reconstrucción de la economía.
En pos de minimizar las contradicciones internas sobre la fecha de levantamiento del cepo cambiario, el macrismo dejó en claro que sin dólares en el Banco Central la medida sería suicida. Buena parte de ese dinero sería liquidado en las próximas horas por las cerealeras y en un corto plazo también por bancos extranjeros.
Comunicación
El macrismo se muestra muy horizontal a la hora de comunicar y con varios voceros habilitados, pero eso le está trayendo algunos costos políticos innecesarios. Las idas y vueltas con el impuesto a las Ganancias desgastaron inútilmente la figura del ministro de Trabajo Jorge Triacca, incluso días antes de asumir en su cargo.
Con la corrección de ese impuesto, Macri jugó con fuego hasta el borde de quemarse: prometió que los trabajadores no pagarían Ganancias en el aguinaldo, luego que sí y después que quedaban exceptuados solo los que ganen menos de 30 mil pesos de bruto. Ese nuevo piso, unos 24 mil pesos de bolsillo, es una mejora del cien por ciento sobre el mínimo actual, pero más bajo incluso que el prometido durante la campaña por Daniel Scioli.
Atento de estas diferencias internas a la hora de la comunicación, los idas y vueltas también llegaron a la cláusula democrática para Venezuela, Macri decidió limitar sus contactos con la prensa. La última entrevista que brindó fue hace dos semanas, mientras que dio varias tras su victoria en el balotaje. "Decidimos espaciar los contactos de Mauricio con los medios, aún no sabemos si por corto o mediano plazo", le dijo ayer a El Tribuno un alto colaborador del presidente que pidió reserva de su identidad.
Para el presidente es tan importante generar expectativas favorables como no pincharla las que ya se generaron. Ese será un difícil equilibrio para el nuevo Gobierno.

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