El Plan de Política Monetaria presentado por las autoridades del BCRA hace unas semanas estableció un programa de metas de inflación. El mencionado plan estima una variación del índice general de precios de alrededor del 25% para 2016 -difícil de lograr este año- y una caída gradual y progresiva del índice de inflación hasta llegar a alrededor de 5% en 2019. La gran incógnita de la administración macrista es hasta qué punto acompañarán los argentinos este proceso de pequeños pero constantes ajustes económicos
Si el gobierno llevara a cabo un plan de shock que fuera extremadamente creíble y que se siguiera al pie de la letra, podría salir de una vez y por todas de esta agobiante situación económica y evitar el constante proceso de pequeños pero reiterados ajustes que tanto ofuscan a la población argentina. De hacerse de esta forma, cabría lugar a que una vez realizado el mayor ajuste macroeconómico, todas las variables lograran estabilizarse alrededor de ese nivel, y el reordenamiento de la economía se haría de una forma mucho más rápida, reactivándola y poniéndola a crecer inmediatamente. Es más que obvio que un gran ajuste de una sola vez produce un costo social mucho más alto en el corto plazo que un ajuste progresivo, sin embargo el efecto reactivador en la economía en el caso de los shocks económicos son incomparables. La rapidez y la magnitud de la reactivación económica que viene de la mano de un programa de shock son generalmente mucho mayores a los réditos de un programa gradualista, sin mencionar que la historia argentina no ve con buenos ojos a estos últimos ya que todos fracasaron en el pasado, el plan Austral o el Plan Primavera, ambos realizados durante el gobierno de Raúl Alfonsín, son claros ejemplos de esto. Por el otro lado, un plan de shock económico como el realizado en 1991, estableciendo reglas claras y creando confianza, lograron que el país no solo revirtiera un largo periodo de estanflación que venía extendiéndose durante casi dos décadas, sino que fue económicamente reactivante y permitió crecer a "tasas chinas" durante 8 años.
Los errores que se cometieron durante la convertibilidad son inexcusables y no es la intención de quien escribe recomendar una nueva etapa de la misma ni mucho menos.
A pesar de esto, resulta más que rescatable observar el punto de inflexión que supuso el plan de shock elaborado por el gobierno en ese entonces, aprender de sus errores y establecer un claro rumbo para volver a crecer.

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Sección Editorial

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