Las manifestaciones de las mujeres reivindicando derechos de género es uno de estos sucesos que reflejan algo más que un conflicto de coyuntura. En primer término no deberíamos confundir las exteriorizaciones apuntadas con el problema de fondo que plantean. No afecta la convivencia una manifestación femenina, en tanto la violencia doméstica y el femicidio la corrompen hasta horadar a la mismísima sociedad desde su célula primaria.
Al margen de algunos desmanes que debieran evitarse, ellas reclaman como centro y con carácter de exigencia, el fin del maltrato por parte del hombre a la mujer, mediante el pedido de leyes específicas y está bien que así lo hagan, porque las leyes que se dicten, son necesarias y urgentes para controlar el fenómeno, pero no para extirpar el flagelo de la violencia doméstica.
Una aproximación al escenario apuntado permite establecer que existen miles de casos en los que la mujer convive con el terror de la violencia doméstica y más aún, la disimula por temor, habría que entender el porqué de esas conductas.
Durante milenios el hombre sometió a la mujer, la consideró una cosa o en todo caso un objeto sexual y reproductor, siempre de su propiedad. Es imposible imaginar que en tantos años no se produjera una transformación que más que un componente cultural se transformó en una creencia, con características de dogma transmitido incluso de madres a hijas y de generación en generación.
Muchas canciones melódicas de la segunda mitad del siglo pasado, constituyen verdaderas apologías del machismo, y en ese entonces, hace apenas 50 años, las mujeres las escuchaban resignadas o convencidas y condenadas a un estadio social inferior al del hombre. Ello sin desmerecer las luchadoras que a lo largo del siglo pasado ya reivindicaron el rol femenino en la sociedad.
En el mundo moderno, el hombre al advertir que el dominio se debilitaba por el intenso desarrollo cultural, propio de la penetración de los medios de comunicación, apeló al dinero e intentó y de hecho en muchos casos lo logró y lo logra, esclavizarla con la cuota dineraria. A esto la mujer respondió buscando trabajo para procurarse independencia económica, entonces el hombre apeló con más asiduidad a la violencia física, último y condenable recurso de su impotencia para mantener su dominio. Factor determinante ha sido el rol de la prensa que lo que antes disimulaba o ignoraba hoy lo publica. También, aunque falte camino por recorrer, se nota una reacción de la policía que comienza a recibir denuncias de mujeres maltratadas. Los disparadores de la movilización femenina deben buscarse en la prensa, en la vigencia plena de los derechos humanos y en la libertad que vivimos los argentinos. Aportes que no tienen color político, sino que nuestra incipiente democracia ha ido sumando en su balbucear político y que muy lentamente nos empieza a devolver algunas propuestas superadoras sin duda. Hoy en la conciencia pública se ha instalado la existencia de estas inaceptables asimetrías y ello es gracias a las luchas de las mujeres que han sido capaces de instalar la problemática en todas las latitudes nacionales. La convivencia pacífica y positiva necesita desarticular las tensiones internas de nuestra sociedad, la violencia de género es una de las más significativas y no debe confundirse con las movilizaciones que son simplemente expresión genuina y pública del universo femenino.

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Sección Editorial

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Ram Test
Ram Test · Hace 1 mes

Mi estimado San Román, cuantos tabúes y falacias en sus palabras, y cuanta veracidad en el relato histórico de una mentalidad social absurda, un relato oscuro el suyo, sin salida, con la sola premisa de volver a correr con la manada. Nos faltan muchas generaciones para salir de esta tozudez absurda, y este relato puede ayudar para confirmar cuan arraigado está el machismo en las viejas generaciones, en un relato que parece benévolo, que empuja a la aceptación de leyes y no al despertar social, una antípoda frecuente para no involucrarse. Su relato confirma que todos somos responsables y cuando digo TODOS es sin exclusión de género.


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