La economía es tributaria del capitalismo maduro. En efecto, la economía clásica que sirvió de punto de partida de la economía moderna, se origina en Gran Bretaña con el aporte de los dos economistas clásicos más importantes y renombrados, Adam Smith y David Ricardo, quienes desarrollaron sus ideas al amparo de las grandes transformaciones producidas por la Revolución Industrial y, por supuesto, no es casual que ambos acontecimientos, la Revolución Industrial y la aparición de la Economía Clásica, se hayan originado en Gran Bretaña. No hace falta decir que las economías subdesarrolladas, en los comienzos de la Economía moderna, no formaban parte de esta preocupación.
Smith fue un exegeta de las bondades de las libertades que la Revolución Gloriosa había impuesto en Gran Bretaña, que en economía se traducían en la "mano invisible" que armonizaba las posibilidades con las necesidades en la provisión de bienes y servicios.
Por su parte, Ricardo se propuso completar la revolución triunfante en el plano político, enfatizando en la necesidad de acorralar a los terratenientes que, vía la renta de la tierra, se llevaban una cuota innecesariamente alta del ingreso, en detrimento de los sectores dinámicos de la sociedad de entonces: trabajadores e industriales.
Por su parte, las economías periféricas eran, para Ricardo, solamente una oportunidad para colocar la abundante producción industrial, a cambio de las importaciones de granos para los trabajadores y materias primas para la industria. Las ideas de Ricardo se cristalizaron en la Ley de Granos que, a la par que abarató los alimentos -o sea, elevó el salario real de los trabajadores- hirió de muerte a los terratenientes y ayudó a profundizar la democracia en el Reino Unido, lográndose el objetivo de Ricardo de dinamizar el comercio exterior, en parte con el concurso voluntario de economías de la periferia que se asociaron a la nueva división internacional del trabajo, como la Argentina, y en parte con la ocupación de nuevos territorios que ensancharon los dominios británicos de ultramar.

De Marx a Keynes
Mientras tanto, Marx, explorando otro aspecto de los desarrollos teóricos de Ricardo, la Teoría del Valor Trabajo, sostenía que si el "valor" de lo que se produce se origina exclusivamente en el trabajo, al recibir los trabajadores solamente una parte de dicho "valor" en concepto de salarios, la parte restante, que es el ingreso de los empresarios, tenía un carácter ilegítimo porque era simplemente una explotación a los trabajadores, idea que es tan válida como sostener que, porque el identikit de un delincuente fue logrado por el dibujante de la Policía, éste tiene todo el mérito en su detención y el testigo es solamente un actor irrelevante y por lo tanto, prescindible.
A todo esto, la Economía no se vio demasiado sacudida por las críticas de Marx y siguió su curso con refinamientos varios en sus aspectos analíticos, y, ya bien entrado el Siglo XX, recibió un importante avance cuando Keynes demostró que un soporte intelectual crítico del andamiaje teórico de la Economía, la prescindencia del estado en las decisiones económicas, constituía un hito excesivamente extremo e innecesario, dentro de las prescripciones de libertades que se habían originado en la Revolución Gloriosa. En efecto, un papel para el estado consistente en "monitorear" la economía para prevenir y evitar las caóticas crisis que minaban las bases de la economía y la política de cuño liberal, impulsándola hacia el fascismo y el comunismo -en tiempos de Keynes- y del populismo, actualmente, no era en absoluto incompatible con el pleno respeto y goce de las libertades tan caras para Occidente, y, en general, con algunas rebeldías de una parte de la Academia, las ideas de Keynes tienen hoy plena vigencia en la casi totalidad de las economías del mundo.

El lugar del subdesarrollo
¿Y el subdesarrollo?
Como se ha analizado, el subdesarrollo no formó parte de las discusiones académicas ni las de política económica que le fueron tributarias. Tal cual se planteó al comienzo, el subdesarrollo no es parte de la discusión fundamental en Economía, que toma como referencia implícita o explícita una economía capitalista madura.
¿Hay lugar, entonces, para el análisis del subdesarrollo dentro de la Economía?
Sin duda. Por una parte, existen algunos planteos teóricos que proponen la dinámica de las economías, análisis que es de utilidad para esta cuestión, y también hay aportes, más de tipo sociológico, que ayudan a comprender la naturaleza profunda del subdesarrollo.
Sin perjuicio de todo ello, el subdesarrollo, en trazo grueso, se origina en el quiebre de la sociedad en un sector al que no le llegan los beneficios del funcionamiento normal de la economía, vale decir, este sector recibe pocos bienes y servicios, lo que es hasta cierto punto tautológico: la pobreza se manifiesta en la poca disposición de bienes y servicios.
Sin embargo, como lo demostró Amartya Sen, un economista indio Premio Nobel, los pobres lo son, no porque no puedan "comprar", sino porque no pueden "vender".
En otras palabras, la mayoría de quienes sufren las consecuencias del subdesarrollo, son desempleados, y éstos, claramente, no pueden “vende” su capacidad laboral -o sea, encontrar trabajo- sea porque esa capacidad no es tal -son trabajadores con baja calificación- o porque sus aptitudes no son útiles para las necesidades del mercado laboral.

El desafío
El desafío, entonces, habida cuenta de que la producción y la distribución no son independientes entre sí, es lograr que los desempleados sean contratados para hacer algo que puedan producir de acuerdo a sus habilidades, y que a la vez tenga demanda.
Claramente, una forma sencilla de “matar estos dos pájaros de un tiro”, es a través de la obra pública orientada a la construcción de viviendas, escuelas, centros de salud, caminos, vías férreas, desagües cloacales y pluviales, agua corriente, comunicaciones, etc. En el ínterin, debe plantearse una verdadera “revolución” en materia educativa, orientada a proveer a los futuros trabajadores de valores y aptitudes para los puestos de trabajo que serán requeridos en el futuro.
Si se analiza con atención, ésta -la situación de subdesarrollo absoluto- fue la realidad que enfrentó la Organización Nacional en la segunda mitad del siglo XIX, y las herramientas que empleó para transformar la Argentina -que apenas balbucía este nombre, junto con el de República - harapienta y analfabeta, en una de las diez potencias mundiales en el Centenario, fueron precisamente la obra pública y la educación.
En estos tiempos de tanto buscar a los “verdaderos” héroes o villanos de nuestra Historia, sería bueno prestar atención a estos buenos ejemplos, así como tomar nota de los reiterados errores cometidos en Economía: precios máximos, cuidados, controlados, leyes de abastecimiento, cepos y otros esperpentos que siempre han resultado nefastos para nosotros y nos han llevado desde las posiciones de vanguardia del Centenario, a ser parte de la repugnancia mundial junto a las peores dictaduras mundiales en el Bicentenario.

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