La victoria del empresario Donald Trump sobre la experimentada Hilary Clinton marca el descontento de la gente con todo aquello que tiene que ver con la política, porque en este caso cada uno representaba a los dos sectores. Así sucedió en otros países, el caso más reciente ocurrió en la Argentina, con el triunfo de Mauricio Macri (ligado al campo empresarial) sobre Daniel Scioli, bajo el paraguas protector de Cristina Kirchner.
Los candidatos buscando seducir a los votantes apelan muchas veces al discurso agresivo, polémico y en algunos casos agraviantes. Así también prometen cosas que después se olvidan.
El amanecer de las elecciones que consagraron al republicano como nuevo presidente de los Estados Unidos, mostró una nueva faceta en el discurso de Trump. Más reflexivo, menos apasionado, habló de un escenario de puntos comunes, totalmente opuesto al que anticipó en la campaña.
Sin embargo, el magnate republicano de 70 años, a la luz de los resultados se convirtió en la voz del cambio. Muchos de los cuales se sustentaron en discursos que respiraban al son de las frustraciones e inseguridades de los estadounidenses.
Antes de lanzar su campaña en junio de 2015, el empresario era sobre todo conocido por su inmensa fortuna, por sus hoteles de lujo, campos de golf y casinos que llevan su nombre, sus divorcios de revista y por ser el animador estrella del programa de telerrealidad "El aprendiz".
Pero demostró ser un formidable animal político, prometiendo "devolver a Estados Unidos su grandeza".
Tocó las fibras íntimas de los habitantes de un país, que empezó a añorar un nacionalismo, que otrora los convirtió en el país más poderoso del mundo.
Trump demostró que la campaña ya finalizó y ahora debe actuar con mucha prudencia, teniendo en cuenta que el mundo sigue atentamente sus pasos. Cualquier decisión suya puede afectar al mundo, no solo en términos sociales, ambientales y económicos.
Una cosa es la campaña y otra la agobiante realidad.
De esta manera, la gente espera que Trump desvirtúe ese cuento que deja mal parado a una clase que día a día pierde más credibilidad: "Un día se muere un político y lo reciben prudentemente con este anuncio: hoy vamos a conocer el infierno y mañana el paraíso, después usted decide. Llega a la primera escala y encuentra un grupo de viejos conocidos en una fiesta espectacular con mujeres y bebidas. Al otro día visita el paraíso, todo lo contrario: un lugar solitario, sombrío de aspecto intimidante. ¿Cual prefiere?, le preguntaron. Rápidamente respondió, por supuesto el primero y allí lo llevaron. Se abrió una puerta y lo invitaron a pasar. Ingresó y vio a sus antiguos compañeros quemándose en la hoguera en un escenario lúgubre y desolador. "Pero esto es distinto a lo que yo vi", atinó a decir.
"Es que ayer estabamos de campaña", le contestaron.

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