La caída del puente ferroviario a la altura de villa Los Sauces durante la tormenta del sábado, pocas horas después de que cruzara por allí el Tren a las Nubes con más de 170 pasajeros a bordo, es el efecto inevitable del descuido en un emblema mundial del turismo.
“El puente ya había tenido problemas años atrás. Gracias a Dios no hay que lamentar la pérdida de una vida”. Sergio Zorpudes, secretario de Obras Públicas
La primera tormenta fuerte de esta temporada no solo inundó a decenas de familias, sino que dejó, una vez más y por tiempo indeterminado, sin servicio turístico ni de transporte de materiales a la Puna. Si bien con poca frecuencia, la actividad ferroviaria con el transporte de minerales y combustibles mantenía viva la expectativa por la prometida reactivación del Belgrano Cargas. Ahora hay que esperar la reparación del puente destruido por la crecida del río Arias, una obra que deberá ejecutarse desde una muestra de buena voluntad del nuevo gobierno nacional y la parsimonia del gobierno provincial, que aquí no mostró interés en una herramienta clave para la economía regional.
Prodigiosamente, el Tren a las Nubes hizo el penúltimo recorrido de la temporada antes de la caída del puente y solo hubo que devolver los pasajes previstos para la salida de ayer.
Luego del desastre, los funcionarios informaron rápidamente que la temporada había "finalizado" y que el Tren retomaría sus servicios tras el receso de verano. Advirtieron también que la última salida se suspendía por "las inclemencias climáticas", y obviaron la caída del puente.
"La reconstrucción del puente comenzará en lo inmediato indicaron directivos del ferrocarril". Sergio Zorpudes, secretario de Obras Públicas
Pero el servicio internacional se suspendió una vez más y esta situación ya es demasiado frecuente. A la caída del cruce ferroviario se le deben sumar los descalces y descarrilamientos de las formaciones. La imagen turística de Salta en todo el mundo es reconocida por este servicio que va de mal en peor. El Estado se desentiende desde una concesión privada que no es tal, ya que todo lo que ocurre en las vías del país tienen la impronta de los subsidios estatales y la administración dependiente de los fondos que envía la Nación. Los ferrocarriles hoy dependen del Gobierno que direcciona una presunta revolución ferroviaria. La Provincia debería defender con toda energía el interés superior de Salta para una marca mundial y considerar que ninguna inversión es grande cuando se trata de proteger la imagen lograda con años de esfuerzo.

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