A poco más de una semana de una infernal balacera en una esquina semaforizada de Salvador Mazza, el fiscal de la causa se encontró con que no hubo denuncia de la víctima y la policía local no le reportó secuestro alguno. "Ni una vaina siquiera, al parecer limpiaron el lugar de pruebas", dijo al borde de la indignación.
"Ni la policía ni esta fiscalía pueden permitir que para dirimir sus diferencias, algunos la emprendan a balazos en plena vía pública poniendo en vilo y en peligro a quienes viven dignamente y que gracias a Dios son la mayoría de los pociteños", comenzó a desgranar su versión el fiscal penal Armando Cazón, en diálogo con El Tribuno.
Con esa expresión el fiscal penal con jurisdicción en Salvador Mazza se refirió al último hecho delictivo que casi sin duda para esa fiscalía remite al ajuste de cuentas que el pasado 3 de noviembre se registró en la localidad fronteriza, alrededor de las 22, en el acceso sur de Salvador Mazza.
La frontera norte, y sobre todo la localidad vecina a San José de Pocitos (Bolivia), es uno de las sitios más concurridos. En ese lugar convergen todos los delitos.
El ajuste ocurrió en la entrada al barrio Ferroviario y la ruta nacional 34.
En ese lugar un poblador de Salvador Mazza residente en la zona desde hace algunos años, identificado como Roberto Figueredo, de 53 años de edad y apodado El Rosarino -es oriundo de Rosario de Santa Fe-, recibió 6 disparos de un arma que según se estima podría tratarse de una pistola 9 milímetros o algo más importante aún.
Figueredo, un hombre sin ocupación conocida, circulaba a bordo de una camioneta Toyota Hilux de su propiedad; como en una escena del cine de acción, El Rosarino, que salía de su barrio con dirección hacia el centro de Salvador Mazza, detuvo el vehículo aguardando la luz verde del semáforo. En ese instante, desconocidos, que hasta el momento no se pudo determinar si se movilizaban en otro vehículo o en una motocicleta, literalmente le vaciaron el cargador de una o dos armas de grueso calibre.
Fuentes de la policía consultadas por este medio aseguraron que fueron por lo menos 25 disparos, 6 de los cuales impactaron en la humanidad de Figueredo. "Lo ametrallaron", dijo otra fuente. Los otros disparos agujerearon la carrocería de la Toyota, destrozaron varios vidrios del rodado y hasta impactaron en los asientos posteriores.
Cuando el móvil policial -pedido por una vecina que aterrada escuchó la andanada de disparos- llegó al lugar, Figueredo seguía en el volante de la camioneta; él mismo seguido por el móvil condujo hasta el hospital de la localidad donde recibió la primera asistencia. Tenía al menos tres disparos en el brazo izquierdo -como consecuencia de haberlo levantado en posición de defensa cuando recibió los disparos- y otros en el hombro izquierdo. La gravedad de su estado determinó que fuera trasladado en forma urgente, primero a una clínica privada de Tartagal y luego a Salta Capital donde permanece internado. Figueredo, ni en Tartagal ni en la capital provincial donde fue visitado por personal policial quiso formalizar denuncia alguna.

Sin evidencias

Pero la situación no terminó allí, ya que según explicó el fiscal penal Armando Cazón, "aunque el damnificado no hiciera denuncia, corresponde una actuación de oficio y una investigación para determinar quiénes son los responsables de este hecho".
Si se tratara de una agresión verbal, un entredicho callejero, se puede aceptar que no se formalicen denuncias, pero si el damnificado recibió 6 disparos en su cuerpo es insólito que no haga denuncia.
"Más allá de eso -precisó el agente fiscal-, solicité un informe pormenorizado del trabajo que hizo la División Criminalística de la Policía de la Provincia. Hasta el momento no lo recibí pero extraoficialmente me llegó la información de que no hay nada, es decir que a pesar de la balacera no habría ni proyectiles, ni vainas, ni ningún otro elemento que sirva para la investigación de la causa. Si es así, hay que determinar las responsabilidades porque no sería un hecho normal en ningún sentido", estimó Cazón.

El misterio de la limpieza de la escena

Según informó la propia policía, un móvil perteneciente a la Comisaría de Salvador Mazza fue el primero que llegó al lugar, aún cuando Figueredo se encontraba dentro de la camioneta al costado de la ruta, a minutos de producirse la balacera. Fueron los propios policías los que acompañaron al herido hasta el hospital y que preservaron al lugar hasta el arribo de la División Criminalística. Si las sospechas de Cazón se confirman, quedará por investigar si alguien exprofeso limpió la camioneta de evidencias y con qué finalidad.



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