El uso del celular en la oficina

Walter Neil Bühler

El uso del celular en la oficina

Si WhatsApp superó la semana pasada los 1.000 millones de usuarios, ¿como pretende el empresario, que justo su empleado, sea una vestal impoluta nunca contaminada con la celulitis, celularitis o guasapitis? En realidad la enfermedad tiene un nombre científico: nomofobia o el temor irracional a quedarse sin el celular.
De acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (en algo hay que creer), en la Argentina existen 62,5 millones de líneas de telefonía móvil activas, es decir, 1,5 aparato per cápita. Como es muy incómodo hablar con medio celular, podemos redondear en ­dos celulares! por cada miembro de la población económica activa.
La problemática tiene relación con una cuestión más generalizada, que es la utilización del tiempo durante la jornada de trabajo, se trata del "hurto del tiempo" que produce tanto el trabajador que llega tarde como el que va al baño o al patio a fumarse unos cigarrillos. ¿Qué empresa no tiene un charlatán incorregible que pierde su tiempo y afecta al de sus compañeros? A todos nos encanta procrastinar, dejar las tareas para más tarde; pero si hay alguien que paga por el tiempo de trabajo, tiene derecho a controlarlo.
Pero el uso del celular tiene variables que le agregan otros condimentos. Por lo pronto, tenemos los ruidos de sus alarmas, que sobresaltan igualmente en un cine como en un ambiente con empleados concentrados en su trabajo. Similar molestia a la que uno siente cuando se entabla una conversación mientras se trata de prestar atención a la película o al cálculo de la facturación.
Yendo al tema concreto: ¿podría el empleador prohibir al trabajador de oficina ingresar con su celular? Entendemos que no. Estamos hablando de oficinas, distinto es el caso de los talleres industriales. Si admitiéramos esa hipótesis de todas maneras el empleador tendría que proveer casilleros seguros para poder custodiarlos. ¿Podría exigir, entonces, que estén apagados o en modo avión? Tampoco, porque muchas veces la necesidad de comunicación se transforma en urgencia por diversas razones (por ej. médicas o familiares). Lo que sí puede requerir la empresa es que el uso no se lleve a cabo en una forma excesiva y/o abusiva. Por lo pronto, puede exigir que se utilice en modo silencioso y limitar los minutos de uso. Una empresa, en Noruega, instaló alarmas que se activaban cada vez que un trabajador sobrepasaba los ocho minutos fuera de su puesto de trabajo.
Llamativamente, no hemos encontrado en toda la jurisprudencia argentina un solo caso referido al tema del uso del celular en el trabajo (salvo como medio para cometer injurias). Sin embargo, para que los jueces puedan considerar que se constituye en una justa causal de despido; sin duda exigirán que haya habido advertencias previas (preferiblemente en el reglamento interno) y evaluarán la antigedad y antecedentes de la conducta del trabajador.

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