De la conference call al home office, del feeback al cash flow, del e-mail a la Intranet... Sin dudas, el inglés marca el paso de nuestra vida corporativa. Pero no todo lo que tomamos de la angloesfera es tan bueno como Mickey Mouse o La Guerra de las Galaxias. Prueba de ello es su influencia en nuestro lenguaje de oficina: ¿Por qué decir abstract cuando podemos utilizar la palabra resumen? ¿Por qué caer en términos como "recepcionar" cuando no existen en nuestro idioma? Este tipo de extranjerismos -full time, copyright-, para los que existen equivalentes con plena vida en español, no son necesarios. Utilizarlos, pues, implica hablar o escribir de manera incorrecta.
¿Quién no gozó de un nostálgico blues, un armónico jazz o un increíble ballet? Pues bien, estos extranjerismos -llamados anglicismos porque vienen del inglés- son aceptados por el español en su escritura original y vale la pena seguir disfrutándolos en todos los idiomas. Eso sí, siempre y cuando se escriban en cursiva, para marcar su origen foráneo. Y, si bien hay términos como feedback que podrían traducirse como "retroalimentación", es válido tomarlos prestados y hacerlos propios aun cuando la Real Academia Española pueda tal vez censurarnos un poco.
Buenos Aires es una de las capitales latinoamericanas donde más se han incorporado términos ingleses, a pesar de que los equivalentes castellanos están a mano y en sutiles y enriquecedores matices. Dejar de lado el "asimilacionismo" superfluo mostraría que no necesitamos cobijarnos a la sombra de ningún poder o que nuestro esnobismo está en retirada. Recordemos no obstante que la vida de las lenguas se alimenta de los cambios y los cambios son irrefrenables; sonriámosle al chat, toleremos el FYI (muy buen resumen de "para su información") y saludemos al team building, porque sin actividades de equipo la vida de oficina sería aburrida.
Importa también no olvidar que los anglicismos son un factor importante de diferenciación del léxico de los distintos países hispanoamericanos, tanto frente al español peninsular como entre las variedades americanas del español; acepciones y significados varían y cabe preguntarse si esta nueva geografía lingística tiende puentes o agrega fronteras. Pero estemos donde estemos, hay una característica fundamental de nuestro idioma español: se escribe como se pronuncia. Esto no pasa, por ejemplo, en el inglés. Por citar solo algunas de las cientos de muestras posibles: dinero se escribe money y se pronuncia "mani''; la palabra "hablar'' se articula como "tok'', pero la grafía es talk. Por eso, al tomar términos del inglés, nos gusta agregar tildes o cambiar letras: máster para master o fútbol para football.
Sin embargo, no solo palabras llegan al lenguaje de la oficina desde los países angloparlantes: copiamos estilos que, al pasar al español, resultan incorrectos. Para graficar esto, veamos un imaginario correo electrónico (­qué tentación decir e-mail!):
Hola Juan,
El Martes 5 de Marzo te espero para compartir el informe, pensar acciones conjuntas, y trabajar juntos el material.
Aquí hay una serie de errores, influencia de las normativas del inglés. Primero, la coma en el destinatario está mal colocada. En español, este signo se utiliza para marcar el vocativo (es decir, a quién me dirijo). Segundo, luego del destinatario deben utilizarse los dos puntos, no la coma como se hace en el idioma inglés. Tercer error, ­los días y meses de la semana se escriben en minúscula! Y, por último, en una enumeración no se debe poner la coma antes del "y" copulativo. Así, el correo electrónico debería haber estado escrito de este modo:
Hola, José:
El martes 5 de marzo te espero para compartir el informe, pensar acciones conjuntas y trabajar juntos el material.
Nuestro idioma se ha enriquecido a lo largo de los años con los aportes de otras lenguas; el mundo corporativo crece gracias al flujo de conocimientos y capitales del exterior. Los anglicismos, como todos los extranjerismos, no son malos en sí mismos. Es importante, sin embargo, que su incorporación responda a nuevas necesidades de expresión y, sobre todo, que se haga de forma ordenada y medida.

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Daniel Francisco  Argañaraz

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