Nunca en la Argentina se estudió tanto el cuerpo, la clínica, el estado anímico y la subjetividad de un fiscal de la Nación, como ocurrió con la de Alberto Nisman. Esa subjetividad quedó supeditada a cuestiones simbólicas de la historia argentina y también a las elecciones de satisfacción que encontró en su vida privada. Hay que agregar que también su muerte dudosa no tiene juez. Será la Corte de Justicia de la Nación que decidirá qué fuero -federal u ordinario- deberá investigarla; si lo asesinaron pasa a la federal y, si se suicidó, quedará en la ordinaria.
La muerte de Nisman fue averiguada, penalmente y criminalísticamente, con pruebas discutibles en calidad y oportunidad.
La noticia más fresca es que finalizó la autopsia psicológica ordenada. Según esa prueba, Nisman no tenía intención suicida. La interpretación posible y no vinculante a la pericia psicológica, es que su muerte sería un homicidio.
Las opiniones escuchadas hasta aquí producen el uso de la historia de la subjetividad de Nisman y son positivas o negativas, según el que las opera. De ese uso ya se hizo un relato inverosímil o no para poner sentido a su muerte. Es que la subjetividad misma está entrecruzada con la responsabilidad y las consecuencias, lo que deriva en la aparición de muchos guardianes de esa historia. Los que usan la biografía de Nisman para criticarlo escandalizan a los contrarios, explican que su suicidio fue la angustia mortal que implicó la denuncia contra la expresidenta y su entorno político.
Otros guardianes de la subjetividad, el círculo más íntimo del fiscal, defiende como hidalgo del bien público y es la víctima de un crimen por haber llegado al nivel más ético de la conducta republicana.
Nisman no es una bisagra que pueda articular a esas dos ecuaciones argentinas con contenidos similares y resultados opuestos. Su muerte inesperada divide a la sociedad con el llamado fenómeno de la "intersubjetividad", porque su subjetividad es sometida ahora a la opinión de dos pareceres.
Nisman no deja de ser él por el peso de su historia individual, pero también es otro Nisman producido en las palabras y pensamientos de la sociedad; fue una figura pública.
Nisman está involucrado en las palabras dichas sobre él. Es que todos los sujetos entran en las operaciones del deseo de los otros y, en su caso, las palabras escuchadas le dan diferentes subjetividades. Este razonar desde el poder de las palabras muestra a un fiscal puntual pero inasible a la vez. El deseo de muchos pone luces y sombras al sentido de la subjetividad Nisman.
Exteriormente a esa subjetividad propia está otra, la complejidad política. Nisman con su denuncia se autorizó un acto de interpretación de la norma penal y la Constitución; buscó que parte de la Justicia y el Parlamento funcionen para no vivir siempre de duelo por la pérdida de la ley.
Indagar hoy por la subjetividad de Nisman es reconocer a un hombre singular y también al otro plural. Gran parte de la sociedad cree saber que los deseos insondables de Nisman eran para refutar las alienaciones y agujeros del Poder.
A la Corte le toca el manejo sintomático de una paradoja: objetivizar la subjetividad trágica de Nisman y juzgar.

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Sección Editorial

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