Así como se sostiene en forma esclarecedora y popular en los ámbitos políticos, sobre la preponderancia constitucional del valor de los partidos en la vida democrática de toda sociedad jurídicamente organizada, no resulta menor entonces visibilizar el funcionamiento interno de dichos partidos políticos en absoluta consonancia con los valores pilares de lo que significa toda democracia.
La posibilidad de afiliarse libremente, elegir y ser elegidos, periodicidad efectiva de comicios internos, alternancia democrática, participación real y operativa de las minorías, equidad y transparencia en el uso de los recursos económicos partidarios y electorales, resultan ser imprescindibles, pero no los únicos por cierto, en la vida interna de todo partido político constituido legalmente en la Argentina.
Lamentablemente hoy asistimos estupefactos a una situación inversa y preocupante para la vida partidaria. Vemos cómo dichos principios democráticos y republicanos son mancillados en una insólita asunción de supuestas autoridades en el otrora fuerte partido provincial, el Partido Renovador de Salta, vulnerando elementales reglas y normas que regulan la vida estatutaria de todo partido político vigente en nuestro país.
Todavía se encuentran en plena sustanciación judicial, en el seno de la Cámara Nacional Electoral, tribunal de segunda instancia, actuaciones controvertidas referidas al proceso electoral de renovación total de autoridades partidarias, período 2016/2020, del indicado partido de distrito.

La política es básicamente diálogo, pero también primordialmente sensatez y razonabilidad.
El desatinado gesto político que asumen tanto la gestión saliente y sombríamente conducida, con más errores que virtudes, por el actual senador provincial Andrés Zottos y la imprudentemente entrante representada por la senadora nacional Cristina Fiore, no contribuyen en absoluto a robustecer los valores pilares anteriormente enunciados.
El proyecto político liderado por el gobernador Juan Manuel Urtubey ha entrado en su ocaso irremediable, pues no puede ser reelecto por tercera vez, debido al imperativo constitucional provincial.
Pareciera que quienes entendemos que el Partido Renovador debe comenzar a desandar por otros caminos, fuera del frente gubernamental que conducen los destinos de la provincia hace nueve años, deben ser proscriptos y anulados.
La ilegitimidad política e ilegalidad electoral de los dirigentes que asumen lesivamente hoy en los distintos órganos partidarios del Partido Renovador confirman, lamentablemente una vez más, la estrechez de pensamiento y la sumisión acomodaticia de intereses personales por encima de las ideas fuerza que impulsaron la creación del Partido Renovador de Salta.
Sólo me resta propiciar que tengan la sensatez de releer las Bases Programáticas y los Principios Constitutivos del querido PRS, adoptados allá lejos en el año 1982 y que se encuentran en el expediente Nº 2040/1982, otorgante de la personería política.

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