El verano de Lewis Carroll

Rodolfo Ceballos

El verano de Lewis Carroll

La Biblioteca Británica, en Londres, recuerda con una exposición el 150 aniversario de la escritura de "Alicia en el País de las Maravillas", el inolvidable cuento de las aventuras de una niña, del clérigo Lewis Carroll.
El absurdo de "Alicia..." es tan convincente que nos permite correr para no quedar siempre en el mismo lugar y caminar en sentido opuesto para aproximarse.
"De todo tipo de verdades, Lewis Carroll da en su obra la ilustración e incluso la prueba", dijo Jacques Lacan hace 49 años, en un homenaje que rindió al clérigo. Al psicoanalista francés le fascinó la textura y las formas lógicas del lenguaje usado por Carroll. Es que lo que hace funcionar el inconsciente descubierto por Freud es retornado por Lacan desde la estructura del lenguaje .
"Solo el psicoanálisis esclarece el alcance de objeto absoluto que puede tomar la niñita", afirmó Lacan en su homenaje, y ya había recomendado su lectura en el seminario "El deseo y su interpretación" (1959). Toma a "Alicia..." como una introducción para los psicoanalistas con niños. Lacan hace así visible la materia prima del cuento: el juego y el significado de las palabras para los niños.
Este relato lleno de felices palabras sin sentidos, contrariando la lógica de espacio y tiempo, como es el inconsciente, nació un verano de 1862. Carroll navegaba por el Támesis con tres niñas, les contó las aventuras de una joven que caía en la madriguera de un conejo. Una de ellas quedó entusiasmada y pidió al autor que las escribiera en un libro.
Lacan lo definió a Carroll como un "soñador, un poeta, un enamorado si se quiere, y hay un Lewis Carroll lógico, un profesor de matemáticas"; y agregó : "los dos son necesarios para la realización de la obra".
Así es este escritor, satírico y pedagogo crítico que revolucionó la literatura infantil.

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