La película "El curioso caso de Benjamin Button" trasciende la ficción y se encarna en la realidad de Bayezid Hossain, un nene de 4 años de Bangladesh que tiene una apariencia de una persona de la tercera edad. Sin un diagnóstico certero, los médicos investigan si se trata de progeria, una enfermedad genética de la infancia que presenta envejecimiento brusco.
Cuando Bayezid nació en el 2012 en un hospital maternal sus padres quedaron impactados por su apariencia y devastados luego de que los médicos le dijeran que no sabían que era bien lo que tenía.
"Cuando nació, era carne y hueso. Parecía un alien, y los médicos decían que nunca habían visto algo así. Nos dijeron que no había nada que se pudiera hacer. Eso me rompió el corazón", contó la madre, quien tenía 14 años cuando dio a luz.
Bayezid vive con su familia en Magura, un pueblo al sur de Bangladesh. Su madre, Tripti Khatun, tiene 18 años, y su padre, Lovelu Hossain, 22. Son primos hermanos y están casados, algo "cotidiano" en esa comunidad, informó el diario británico Daily Mail.
El niño sufre de hinchazón de rostro, piel sobrante, dolor en las articulaciones, ojos huecos, problemas para orinar y una dentadura muy débil. Su caso fue analizado por decenas de curanderos, enfermeros y médicos, que aseguran que padece de progeria, lo que significa que su cuerpo envejece ocho veces más que lo normal.
Este desorden es el que habría inspirado la novela de Scott Fitzgerald que luego fue llevada al cine con El Curioso Caso de Benjamin Button, protagonizada por Brad Pitt.
Según los estudios médicos, la gente que padece esta extraña enfermedad suele morir a los 13 años de ataques cardíacos o accidentes cerebro vasculares.
"Él no se parece a ningún otro chico. Es como un hombre viejo. Como mamá primeriza me duele ver a mi hijo así, y me da miedo tener otros hijos a futuro. Su crecimiento es completamente anormal, pero mentalmente es más avanzado, podés hablar con él, y es muy intuitivo para su edad", contó la mamá a medios locales.
El día a día de Bayezid Hossain
Cuando el niño fue llevado a la comunidad donde vive la familia, la gente estaba asustada, y criticaban a los padres, dado que al ser primos hermanos, creen que eso pueda haber tenido alguna influencia en la patología del niño.
A medida que pasaron los años, la gente le fue perdiendo el miedo y ahora lo llaman "el viejo" con cariño.
El pequeño no puede ir a la escuela, pero le encanta jugar con la pelota, dibujar y pintar en papel, e incluso suele romper sus juguetes para luego intentar arreglarlos.

"Él entiende su condición pero no le gusta hablar sobre eso. Sólo llora cuando se siente extraño", dijo su mamá.

Fuente: La Nación

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