La tradicional y conocida familia Tame estará de festejo hoy, porque la más antigua de sus miembros cumple 96 años. Elena Tame Isasmendi estará rodeada de sus afectos y, pese a que desde los últimos dos años está en silla de ruedas y con los problemas propios de su edad, sentirá el reconocimiento de su familia conformado por sus dos hijos, Raúl y Ana María, sus hijos políticos, nietos y algunos hermanos.

Hija de un gran pionero

Elena fue por años la costurera de Tartagal y trabajó incansablemente, aún después de que falleciera su marido, Inocencio Antonio Rodríguez.
Su hija Ana María la recuerda en aquellos años cuando con una vitalidad increíble se movía entre telas de los más diversos colores y texturas, presurosa por cumplir con todos sus clientes. Los fines de semana en los que la demanda de las prendas de vestir para estrenar era mayor, Elena trabajó sin descanso y eso le mereció el reconocimiento de los vecinos.
Su padre fue un inmigrante de origen libanés, Abraham Tame, quien se casó con una joven salteña de origen español, Trinidad Isasmendi, cuando apenas había cumplido 15 años.
Él había llegado a la Argentina cuando tenía 20 años y se instaló en la localidad jujeña de Libertador General San Martín, donde vivió un tiempo con Ayub, uno de sus hermanos, con quien se trasladó a probar suerte a Tartagal.
En un viaje que realizó a la capital conoció a Trinidad y con ella regresó a Ledesma, donde nacieron Elena y una hermana menor. Al tiempo, la familia se trasladó a Tartagal donde Abraham se dedicó al comercio, actividad característica de los inmigrantes sirios, libaneses, palestinos y muchos otros.
Ana María Rodríguez Tame HIJA DE ELENA “La trayectoria de nuestros abuelos y padres son ejemplo de esfuerzo” “No tenemos que olvidar el trabajo de nuestros mayores, sino imitarlo”.

Tartagal crece

En el pueblo, que comenzaba a emerger por la fuerza y el empeño de los inmigrantes, los Tame fueron los más prolíficos de la época, ya que el matrimonio tuvo 11 hijos. Vivían en una modesta casa con un salón comercial en la esquina de 20 de Febrero y Alberdi, cuando las calles eran de tierra y las construcciones de madera. Abraham había comenzado vendiendo naranjas que traía el ferrocarril, pero al tiempo instaló un almacén de ramos generales.
Elena recordaba en una entrevista realizada por El Tribuno que casi indefectiblemente y cada dos años, un bebé llegaba al seno de la familia que lo recibía con todo el amor que tenían para brindar. Pero la tristeza los embargó aquel día que uno de sus hermanitos, de 8 años, cayó y por el fuerte golpe que sufrió en la cabeza semanas más tarde murió en Tucumán, mientras Elena en Tartagal quedó al cuidado de sus hermanos.

Fundadores de la Sirio

Abraham Tame y otros amigos fueron los fundadores de la Sociedad Sirio Libanesa, mientras que su esposa Trinidad dedicaba su vida entera a criar a sus hijos. Elena recuerda a su padre en esas noches calurosas, sentado en su reposera en la vereda de tierra de su casa, aguardando que sus hijos que jugaban en lo que años después fue la plaza San Martín, regresaran a descansar para iniciar juntos un nuevo día.
Elena, como hija mayor de los Tame, siguió el camino de sus padres y dedicó su vida a trabajar para que sus hijos tuvieran una vida sana, feliz como ella misma había tenido junto a sus padres y sus 10 hermanos menores.
Hoy, su hija Ana María expresó que pasadas tantas décadas de aquel Tartagal de antaño en los que Elena, sus hermanos y sus padres vieron transcurrir su apacible vida, "solo nos queda desearle a nuestra madre amada que siga recogiendo amor y los sentimientos más puros que sembró en su vida. Es nuestro ejemplo de vida y así queremos expresarlo en esta reunión familiar que realizaremos con el solo fin de homenajearla por su vida laboriosa, ejemplar y generosa, como fue la de nuestros abuelos y que no debemos olvidar y, por el contrario, transmitirla a los jóvenes como ejemplo", expresó emocionada.

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