El padre Diego Calvisi es un ícono en el norte. El dedicó 36 años de su vida a los niños abandonados y fundó el hogar Santa Teresita del Niño Jesús.
En honor a su cumpleaños 96, se celebró una emotiva misa en la iglesia Santa Teresita, del barrio Aeroparque, a la cual asistió gran parte de la feligresía de Orán y sacerdotes de toda la diócesis. La celebración estuvo a cargo del obispo Gustavo Zanchetta.
Calvici es un ser especial que se preocupó, en cada parroquia a la que fue destinado, por promover vocaciones sacerdotales y religiosas, entre las que se cuentan monjas contemplativas y religiosas de vida activa, que hoy lo reconocen agradecidas como su padre espiritual. Ha dedicado toda su vida al servicio y aún hoy, a los 96 años, sigue haciéndolo. La gente en el norte lo define como "un santo".
Diego Calvisi fundó hace más de 20 años el hogar de Niños Santa Teresita del Niño Jesús, para niños y adolescentes judicializados. Y desde aquel momento centenares de niños pasaron por el "hogar del padre Diego", como lo llaman.
Es un sacerdote que cada año que pasa, deja profundas huellas con su testimonio de vida.

Su llegada a la Argentina

El padre Diego llegó a Buenos Aires desde Italia en 1980, hace 36 años, y ya en ese tiempo desplegó una actividad inagotable: fue iniciador de muchas comunidades que actualmente son parroquias, se lo vio en Villa Saavedra, de Tartagal, en el barrio Aeroparque, de Orán, en Hipólito Yrigoyen y hasta en los cerros de San Andrés.
También construyó templos por toda la extensión de la Diócesis de Orán y fue vicario general de todos los obispos llegados aquí.
Trajo desde su Cerdeña natal a otro intrépido y formidable misionero, el padre Andrés Buttu, solo superado en su empeño por su mentor y maestro, el mismísimo padre Diego.
Muy sensible en lo social, fue capellán del hospital San Vicente de Paul, donde vivía; fundó el Hogar de Niños de la congregación Santa Teresita; participó activamente en la resolución de muchos conflictos en la zona, como los reclamos de los pobladores de San Andrés, los piquetes de Mosconi, las negociaciones tensas en la Municipalidad de Orán por conflictos gremiales-laborales, entre otras actividades.
Fue formador de sacerdotes, pues los recibía apenas ordenados en su parroquia y les enseñaba con el ejemplo.
Actualmente el padre Diego es capellán de las Hermanas Concepcionistas Franciscanas de Orán, donde fundó el hogar para sacerdotes ancianos y, últimamente, un espacio de retiro y soledad para sacerdotes, al que llamó "Betania del Sagrado Corazón".

"Quiero morir en Orán"

El padre Diego cumplió 69 años de vida sacerdotal y 36 al servicio de la Diócesis de Orán como sacerdote misionero: "Sin duda fueron los mejores años de mi vida", remarcó.
"Amo la Iglesia de Orán porque la veo verdaderamente misionera y entregada a los más pobres", definió hace un tiempo en una entrevista.
Con motivo de su cumpleaños, el lunes, hizo un anuncio a toda la comunidad que tanto quiere y respeta: "Por el gran amor a mi misión y a la memoria del Siervo de Dios el padre Juan Antonio Solinas, (uno de los 20 mártires del Zenta, oriundo de Nuoro, Italia), he decidido morir en Orán. Será un honor y un verdadero privilegio. Que mis restos mortales, sepultados, sirvan a la Diócesis de Orán y de Nuoro para confirmar un verdadero intercambio de sacerdotes y ayuda material. Además, deseo que mis huesos sean un llamado permanente para suscitar vocaciones misioneras. Ruego al obispo Zanchetta llevar adelante el delicado trabajo, con respecto al proceso de beatificación de los 20 mártires del Zenta", concluyó.

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