Llegó la orden de desalojo del AFSCA y Martín Sabbatella, su titular, tuvo que sacar todos sus petates y ordenar a sus seguidores que cubren allí gran parte de los cargos que acaten la decisión presidencial.
Nunca se aclaró el porqué del empecinado atrincheramiento del ex-
intendente de Morón, exbravo-
militante de izquierdas, elogiado por The New York Times como un funcionario probo que no tenía manchadas las manos de negociados oprobiosos.
Aquello fue en la década del 90, comienzos de los años 2000.
Después quiso crecer y creó como una especie de entidad paralela que apoyaba al kirchnerismo y nació un nuevo Sabbatella, cada día más enajenado en su compromiso ideológico, cada día más oficialista, más que ninguno. Algo que suele sucederle a los conversos.
Formó binomio con Aníbal Fernández para la gobernación. Los ciudadanos le dijeron no, de ninguna manera. No quiso ceder entregando el AFSCA, su orgulloso castillo.
Su argumento es que estaba allí para defender la controvertida ley de medios; negó la posibilidad de acceder a radios y empresas de televisión a los críticos del cristinismo, pero favoreció con maniobras especiales a los empresarios amigos del poder. Actuó con decidida injusticia. Negó al Grupo Clarín la posibilidad de amoldarse al nuevo régimen y le hizo la vida bastante difícil. Negó pisar tierra con sus proyectos al Grupo Perfil. Llevó odio a todas partes.
Sabbatella tuvo de enemigos a las empresas periodísticas que no eran oficialistas. Las desprestigiaba, las consideraba el origen de todos los males que padecía el país.
La Constitución Nacional habilita al Ejecutivo a gobernar por decreto en determinadas situaciones.
Cristina Fernández fue la reina de los Decretos de Necesidad y Urgencia, de la misma manera también campeona de caprichos anticonstitucionales. Se burló de los parámetros que equilibran toda democracia. ¿Nadie les explicó que el gobierno de Cristina cesó en el mundo que había fabricado y ahora el nuevo presidente puede modificar el plano de los ministerios o dejar a un lado a quien no le tiene confianza?
El Congreso está en receso, ya habrá tiempo de escuchar las quejas cristinistas.
El mal que está padeciendo el cristinismo es que perdió todo poder y con ello toda perspectiva de la realidad, por lo menos como el que tenía veleidosamente antes.

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Sección Editorial

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