"Ya estoy en el café".
"Yo también, pero no te veo".
En ese momento vi aparecer entre las mesas del lugar a Roberto. Vestía una chaquetilla blanca nívea que delataba su profesión de chef.
Roberto Boujón nació en Bella Vista (Buenos Aires) y hace 15 años decidió radicarse en Salta. Lo sedujo la tranquilidad que todavía se respira por estos lugares. Es una persona que, además de cocinar muy bien, tiene una amplia sonrisa en su rostro y calidez en el habla. En La Linda trabajó como profesor en el IGA durante 9 años. En ese instituto se desempeñó como chef instructor y como profesor de Enología y Sommelier.
Roberto disfruta mucho de viajar. Tiene dos hijos que viven en España, Rocío y Lucas, lo que también lo motiva a volar tanto para esas tierras. Siente curiosidad por conocer la gastronomía de cada lugar y la visita a los mercados de especias, de cualquier sitio donde va, es una asignatura ineludible. Se autodefine como exigente con los ingredientes y productos. Siempre de primera calidad. Por tal motivo, se podría decir que es como una clase de colonizador moderno, pero a la inversa: trae al Nuevo Mundo lo que más puede de condimentos y especias de calidad desde el Viejo Mundo.
Me cuenta, entre risas y seriedad, que es un apasionado en lo que hace y, además, es una terapia: su cable a tierra. Hace 5 años pudo realizar su sueño de tener un lugar donde desplegar su arte. Ma Cuisine Restó es el templo donde Roberto deja de ser él para darle paso al chef que se apodera de las hornallas, hornos, mesadas y utensilios que darán vida a los platos con los que deleita a sus comensales.
Roberto Boujón CHEFF "Cuando uno sueña con algo y cree que se va a dar, a la larga o la corta, se cristaliza. Todo el universo conspira para que se dé".

¿Dónde nació tu amor por la cocina?

Tengo el recuerdo de mis abuelos, en especial de mi abuela en la cocina, de donde salían aromas y sabores tan ricos que eso despertó mi curiosidad. Yo tenía 8 años. Mi abuela había nacido en Toledo, España, y disfrutaba cocinar. A mi papá también. Somos una familia grande y el tema de la cocina es muy importante. De ahí que, para mí, son muy importantes los aromas.
Qué preferís, ¿cocina dulce o salada?
Salada sin dudar. Me gusta comer y cuando preparo mis platos busco la excelencia. Trato que cada sabor se destaque, que se lo pueda identificar y que combinados los ingredientes y condimentos den un buen sabor final. Preparo platos dulces, claro. Más allá que los prefiera o no, un chef tiene que saber hacer de todo en la cocina pero las preferencias están. (Dice esto inclinando la cabeza y sonriendo de costado)
¿Viajás mucho? ¿Cuál cocina te seduce?
Gracias a Dios viajo mucho, sí. La conozco a Europa entera y fui siete veces a París. Me seduce mucho la cocina francesa. Mi menú tiene mucho de cocina francesa pero no descarto otros platos y fusión de cocinas; la mayoría europeas. También me gusta experimentar combinando ingredientes y condimentos europeos con los regionales. El resultado es muy bueno.
La atención personalizada, ¿es importante?
Totalmente. Por eso prefiero espacios chicos; me refiero a un lugar que pueda albergar 25, 30 personas. De esta manera, podés tener contacto con ellas, asesorarlas en cuestión de menú, bebidas para acompañar determinados platos o bien sugerir una opción a algún comensal no muy convencido de lo que quiere. Me gusta que mis clientes se sientan a gusto en el restó, por lo que tengo en cuenta la ambientación. Música suave, luces no muy potentes...
¿Hacés algo más además de comida?
Sí. Preparo licores. Hago de mandarina, lemonchello, naranchello, de chocolate, de café. Me gusta obsequiar a mis comensales una copita de algún licor para que degusten mientras esperan su plato. A modo de gentileza. Detalles... ¿no?
¿Tenés algún referente en la cocina?
La que encabeza todo es mi abuela (risas). Ahora, si tengo que mencionar a algún chef, te diría que Ariel Rodríguez Palacios es mi mayor referente. Es el director académico del Instituto Argentino de Gastronomía. También te lo nombraría a Osvaldo Gross y al Gato Dumas. Siento mucha admiración por ellos.
Noto que sos un agradecido con lo que te toca vivir...
Yo soy un convencido de que cuando uno sueña con algo y cree que se va a dar, a la larga o la corta, se cristaliza. El universo conspira para que se dé.
Un recuerdo...
Cuando era chico iba a pescar con mi padre o amigos; cocinábamos con los utensilios que teníamos a mano. El plato más rico lo logré en aquellas mágicas jornadas. Nunca nos faltó nada, todo lo brindaba nuestra inocencia.
Además de cocinar, Roberto tiene otra actividad que lo atrapa. Trabaja como columnista en un programa radial desde hace 11 años. Busca, dentro de sus actividades, disfrutar de cada momento y compartirlo con los suyos y con quien esté dispuesto a recibir las delicias de su creación.

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