Una peligrosa forma de violencia denunciaron a El Tribuno varios vecinos de la localidad de Cerrillos, quienes quedaron escandalizados cuando presenciaron una gresca entre dos patotas en las que ambos grupos se lanzaban bombas molotov.
Uno de los más graves choques incendiarios se produjo el pasado fin de semana, cuando hubo un grave enfrentamiento entre bandas de patoteros perteneciente a los barrios El Huerto y Santa Teresita, ubicado ambos en la margen sur de la ruta 23, camino a Rosario de Lerma.
Según los vecinos, cuya identidad quieren resguardar por seguridad, contaron a este matutino que el domingo a la noche, luego de una prolongada libación, se produjo un enfrentamiento entre patoteros de ambos barrios.
En la contienda ambos bandos usaron palos, piedras y armas blancas.
El enfrentamiento se prolongó por más de una hora, sin que la policía se hiciera presente pese a los reiterados pedido de los aterrorizados vecinos. "La policía espera que haya lesionado y se disipen los disturbios. Es una orden de arriba para evitar lesionados y móviles destrozados, porque no hay presupuesto para reparación", dijeron indignados.
La confrontación culminó con una obra dantesca: uno de los patoteros de El Huerto arrojó sobre la vivienda de otro de Santa Teresita una bomba tipo "molotov", la cual produjo un principio de incendio sofocado por los presentes.
Según los vecinos, este enfrentamiento fue sospechosamente silenciado por la policía porque quien arrojó la botella incendiaria sería miembro de una familia de policías de la localidad, quien a su vez tendría antecedentes de violencia incendiaria. "Es una verdadera pesadilla de terror", aseguran.

Contra la impunidad, marchó a la Jefatura

Pidieron la renuncia del jefe de Policía y del ministro de Seguridad. Como todos los viernes la marcha contra la impunidad recorrió la plaza 9 de Julio, pero esta vez se dirigió luego al edificio de la Jefatura de Policía, ubicada en calle Güemes al 700, donde reclamaron justicia por Pablo Moreno, el manifestante que murió en una comisaría de Tartagal y la renuncia del ministro de Seguridad y del mismísimo jefe de Policía.
Los manifestantes hicieron sentir sus quejas por lo que consideran maniobras políticas para el tratamiento de violencia y femicidios que intentan ocultarse o minimizarse. Esas políticas, aseguraron, emanan de Jefatura y del Ministerio de Seguridad.
La marcha del viernes estuvo teñida por el sabor del repudio que produjo en la dirigencia de la diversidad de género por las manifestaciones poco felices del jefe de Policía, Marcelo Lami. El jefe policial hizo declaraciones, horas antes, que se tornaron "homofóbicas". Además, le endilgan que oculta la persecución policial a la prostitución callejera donde se cometen apremios ilegales, abusos y coimas, hechos que son reiteradamente denunciados.

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