Temor, preocupación y hartazgo crecientes es lo que plantearon en estos días los vecinos del barrio Martín Miguel de Gemes, en el acceso norte de la ciudad de Metán.
El reclamo tiene años, pero todos coinciden en que en la última década los actos de patoterismo se exacerbaron al tiempo que se relajaron los controles policiales.
El barrio en cuestión tiene 4 manzanas, con pasajes intermedios, y está ubicado entre las calles Rivadavia, Sáenz Peña, Santa Fe y Río Piedras, pero está emplazado entre otros dos núcleos habitacionales más grandes cuyos propietarios viven entre rejas, según describen desalentados.
"No hay fin de semana y peor aún, los feriados largos, en los que no se produzcan balaceras, peleas, gritos y corridas. Tras el Festi Miel del pasado sábado y domingo, la situación fue terrible, no por el hermoso festival que congregó a gente de otras partes de la provincia y de Tucumán, sino porque grupos de adolescentes se adueñan de las calles haciendo desastres, probablemente por el consumo de bebidas", explicaron a El Tribuno preservando sus nombres para evitar represalias de quienes, en definitiva, son sus propios vecinos.
Explicaron que diariamente pueden observarse grupos de diez a doce chicos que van entre los 12 y 18 años de edad, "muchos de ellos perdidos por la droga y el alcohol. Estas adicciones los lleva a robar, pero simultáneamente tienen un comportamiento muy agresivo y parecen disfrutar cuando provocan disturbios, rompen vehículos y, lo peor, las palizas que puede propinarles a cualquiera".
Lo que piden
Para estos metanenses que se animaron a exponer el problema, "la inseguridad no es solo un tema que afecta a Buenos Aires, porque nosotros la sufrimos igual y la adopción de medidas debe ser prioridad y política de Estado. La Policía se enfrenta muchas veces con estas bandas, pero otras se relajan porque son menores y poco pueden hacer. Los vecinos los llamamos por teléfono, pero la solución no está en reprimir cuando ocurren los hechos vandálicos sino que hay que actuar sobre las familias de esos chicos en forma directa, trabajar en los centros vecinales y en la escuela", opinan.
Una vecina comentó que hace unas semanas vio la crudeza con la que un joven golpeaba la cabeza de otro en el cordón de la vereda. "Sabemos que tuvo que ser derivado a Salta porque hasta se habló de pérdida de masa encefálica y desconocemos el destino de esa víctima, pero lo cierto es que pasan los años y la inseguridad nos está ganando", lamentó.
La preocupación tiene varias aristas que van desde la magnitud de la violencia hasta las bajas edades de los chicos que forman parte de los grupos. "No es una cuestión de discriminación, sino que tenemos que sincerarnos y evaluar a las cosas como son: hay malvivientes, adicciones y vandalismo crecientes que encuentran, en la falta de controles, tierra fértil para actuar con impunidad. Y en las autoridades está estudiar el problema, actuar rápido y eficientemente para que comencemos a construir una nueva sociedad", plantearon con firmeza.

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