Preparan sus labiales rojos, se sintonizan con el perfume a jazmín y entran con respeto a la capilla. No es para menos, no se cumplen 100 años todos los días. El Hogar de Ancianas San Antonio de Padua celebró ayer el primer centenario. La institución fue inaugurada el 24 de octubre de 1916 en Sarmiento 129.
A las 11.30 la misa comenzó con coros que llenaron de voces un lugar con mucha gente pero con mucha soledad. Con Dios en casa, las dueñas de casa se vistieron con su mejor ropa, se maquillaron y no se olvidaron el brillo de los ojos que acompaña a las sonrisas sinceras. El arzobispo Mario Antonio Cargnello saludó a las señoras y empezó la misa en agradecimiento a "los cien años de fidelidad".
Luego de la misa el servicio de catering las esperó en el mismo comedor donde almuerzan cada día. Del lado de la cocina había una fila con mujeres que esperaba su vianda: dos empanadas y sopa. Las que salían de la misa esperaban que la distribuyan en mesas al azar.
"Para mí son todas nuevas", dijo Élida González, en la mesa once, junto a sus vecinas. Son más de 80 personas las viven en el hogar pero pocas se conocen. Tejen, ven el noticiero y "sacan el cuero" a las que no son de su sector, hablan de sus nietos, de sus viajes, de sus dolores. Pero cuando hablan del hogar sonríen, porque todas forman parte, son "hermanas". "Cuando me voy a otro lado, digo que tengo que volver a mi casa", comentó sonriendo Telma Guitiérrez, de 92 años.
La mayoría asistió al almuerzo. Sin embargo fueron pocos los familiares que acompañaron a las señoras durante la comida.
Desde hace 33 años Ester Nomeglini es la cocinera del hogar, vio pasar muchas ancianas mientras cumplía su sueño. "Me gusta la gastronomía y aquí disfruto, es muy tranquilo", expresó. Lucía una bandana en el cabello y un delantal de trabajo cotidiano. "Hoy todas las empleadas somos la invitadas, estamos contentas. Entré en el 1983 y me faltan tres años para jubilarme, ya cumplí mi etapa aquí",agregó
"Gracias a Dios 100 años. Es una obra sin fines de lucro, trabajamos ad honorem pero tenemos el legado de Lucinda Quiroz y el padre impulsor, Rafael Gobelli. Desde entonces funciona para señoras de entre 60 y 80 años", explicó Graciela D'Andrea, directora de la comisión. "No es un geriátrico, son señoras que no tienen donde vivir. Ellas se mueven con libertad, pueden recibir visitas a la tarde".
En el discurso antes de la bendición de la comida se hizo una reflexión "sobre la necesidad de cuidar de los ancianos, ya que son la guía, enseñanza y testimonio de vida".

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