En esta causa falta un muerto

Humberto Echechurre

En esta causa falta un muerto

Hace unos días le comenté a Toti Ceballos, vecino de esta sección bautizada por él como las "Torres gemelas", que a esta causa que se inició con la detención de Lázaro Báez, le faltaba un muerto.
"Ojalá me equivoque", comenté, casi en silencio. No era que de pronto me había convertido en un improvisado portador de malas noticias, simplemente me comportaba como un observador de los últimos acontecimientos que llenaron de dudas a los argentinos.
Las muertes de José Luis Cabezas, luego Alfredo Yabrán, hace poco el fiscal Alberto Nisman, la desaparición reciente del abogado Jorge Chueco, involucran al poder de distinta manera y en ese campo, quien más, quien menos tiene un muerto en el placard.
El 16 de febrero de 1996, Cristina Cabezas jugó ser una turista más en las playas de Pinamar. Su marido, José Luis, simuló hacerle fotos con su cámara. Metros detrás de Cristina, Alfredo Yabrán caminaba tranquilamente, junto a su esposa. Así consiguió José Luis Cabezas la foto del todopoderoso empresario de la década menemista que le costó la vida, y que vio la luz cuando el 3 de marzo la revista Noticias la publicó en tapa.
"Sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro", afirmó Yabrán en esos momentos. Luego, cuando se dictaminó una orden de arresto en su contra, pasó a la clandestinidad. Cinco días después, el 20 de mayo de 1998, Alfredo Yabrán se suicidó disparándose con una escopeta, que le desfiguró el rostro y hacía al cadáver irreconocible. Sospechas, incredulidad y asombro, fueron el común denominador de los últimos tiempos, hasta llegar a la desaparición del abogado Jorge Chueco, hombre clave de Lázaro Báez.
La muerte del fiscal Alberto Nisman, todavía enfrenta a los argentinos, mientras la verdad galopa despreocupada hacia el olvido.

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