A todos les gusta que los atiendan rápido cuando salen a comer fuera de casa, y que su pedido no demore en llegar. El mozo es la imagen más directa del bar, es al primero al que se ve cuando el cliente llega y el último que se trata al pagar la cuenta. Su atención puede hacer más amena la visita o también puede enfriar el café y amargar las medialunas. La ambientación y el servicio de un bar influyen mucho en los clientes, tanto que hasta pueden determinar cuánto comen, cuánto tiempo se quedan y si volverán en una próxima ocasión. En Salta, en una recorrida que hizo El Tribuno por distintos bares y restaurantes, los trabajadores de la bandeja recibieron más notas positivas que negativas.
Uno de los aspectos más destacados por los clientes fue la simpatía. "Siempre están de buen humor"; "todos son muy simpáticos", manifestaron la mayoría de los clientes que consultados durante este sondeo. La eficacia y predisposición también fueron halagados por casi todos. "Se muestran predispuestos y rápidos", dijo Mario, cliente del bar El Ángel, mientras dos mozos del lugar servían en sendas mesas ubicadas a pocos metros del entrevistado.
El respeto también es bien recibido, sobre todo cuando es retribuido. "Los mozos son educados, nunca tuve problemas con ninguno. Yo soy educado y quiero que lo sean conmigo", aclaró Diego, quien tomaba un café en Havanna, a solo cuatro cuadras de la Catedral Basílica de Salta.
Sin embargo, siempre se puede mejorar. "La mayoría son buenos y atentos, aunque algunas veces te encontrás con algunos que parece que tenés que pedirle permiso para los pedidos" y "no siempre te toman el pedido a tiempo" fueron algunas de las quejas de los clientes. Las malas experiencias fueron pocas, pero difíciles de olvidar: "Una vez me cobraron de más, le pedí el ticket al mozo y no me lo quiso dar", contó Eduardo cliente del bar Tribunales ubicado en la esquina de Rivadavia y Mitre.
A pesar de algunos reclamos, los clientes se mostraron conformes con la atención recibida a la hora de tomar un té o un café. En una escala del uno al diez, ocho fue el calificativo más alto y frecuente que los comensales le pusieron al servicio de los mozos salteños.
Mientras cumplían su jornada laboral, los mozos también emitieron su opinión sobre los clientes que frecuentan sus lugares de trabajo. "Tenemos que tener mucha paciencia y las propinas no siempre son buenas", manifestó Claudio, mozo del bar New Time ubicado en una de las esquinas frente a la plaza 9 de Julio, un lugar muy concurrido por los salteños y turistas. "La gente siempre está predispuesta a la hora de comer, es cuando llegan de mejor humor", dijo Liliana, camarera de la cafetería Havanna. Su compañero Miguel agregó: "Para nosotros, lo primero es el cliente".

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