En la misma película, el agro es héroe y villano

Cristian Mira

En la misma película, el agro es héroe y villano

La polémica sobre la cantidad de soja vendida por productores pone al campo en el lugar de esos protagonistas de una película que oscilan entre ser héroes o villanos. Cuando se afirma que los exportadores y la industria oleaginosa liquidarán divisas por más de 2.000 millones de dólares por semana resurge la imagen del campo como el que rescata al que está a punto de caer al precipicio. Por el contrario, cuando hay pocas ventas de soja, el campo es el malvado que se queda con botín y los espectadores saltan de sus butacas al grito de especuladores.
En esa película se olvida lo esencial de la trama, lo que motiva las acciones del protagonista: el mercado y sus reglas. Si los agentes económicos perciben que el precio que le ofrecen por su producto es bajo esperarán a que los valores suban. En cambio, si creen que es adecuado, venderán. Eso sucedió el martes pasado cuando el peso se devaluó, por el esquema de flotación sucia impulsado por las autoridades económicas, y los compradores pasaron de ofertar $3.000 a $3.100 por la tonelada de soja. Y así hubo vendedores que decidieron que ése era el momento adecuado para cerrar una operación. En el mercado de granos cada parte de la cadena determina en qué momento comprar o vender según los riesgos que se asuma.
Aunque en un tono diferente, la preocupación del secretario de Agricultura, Ricardo Negri (h), sobre la lentitud del ritmo de ventas de soja después de la devaluación, el fin del cepo y la baja de 5% de las retenciones hizo recordar la música ya escuchada en la década pasada. Aún están frescas las acusaciones lanzadas desde el atril de la Casa Rosada por Cristina Kirchner a quienes guardaban soja en los silobolsas. Está claro que en aquel entonces el diagnóstico político era otro. Se veía a la producción agropecuaria como un sector "destituyente", según la definición que había acuñado en 2008 la agrupación de intelectuales kirchneristas Carta Abierta. Hoy estos mismos grupos quieren instalar la idea de que hay un nuevo modelo en el que el campo es el nuevo privilegiado, en detrimento de los asalariados. En rigor, lo que hizo la administración que asumió el Gobierno el 10 de diciembre pasado es remover algunos obstáculos que hicieron estragos en la actividad, no hay concesiones especiales. "No sirve hacer pedidos colectivos, hay que dejar funcionar al mercado", razonaba un economista del sector. Hoy, explicaba, la mayoría de los fundamentos del mercado son estables o bajistas. El clima en las principales zonas productoras de Brasil es propicio para una cosecha récord, China tiene problemas bursátiles y la Reserva Federal de Estados Unidos subió las tasas de interés, lo que lleva a los fondos de especulación e inversión a retirarse de sus posiciones en commodities. En el plano local, todavía no está clara la tasa de inflación vigente para el año, aunque el Gobierno ya expresó su interés en reducirla. El test vendrá con el acuerdo social que procura firmar el gabinete económico con empresarios y sindicatos. Mientras tanto, están subiendo los costos que definen las ecuaciones de la producción, como los combustibles, que se incrementaron 6% esta semana y lo harán en un porcentaje similar en marzo próximo.
A estas dificultades hay que sumar la erosión de las instituciones y las reglas sobre las que se asientan los mercados que marcaron al gobierno kirchnerista. Ésa es una de las razones por las cuales persiste todavía la distorsión en el precio del trigo. La administración de cupos, manejada arbitrariamente mediante los ROE en los últimos ocho años, distorsionó la cadena del cereal y sus efectos se hacen sentir sobre esta campaña. Hay otros motivos. "Con la nueva ley del mercado de capitales desaparecieron muchos corredores chicos del interior que tenían en claro el pulso del mercado", explicó el analista Alfonso Ruiz Guiñazú.
El Gobierno tendrá más posibilidades de lograr éxito en su gestión con la normalización de las instituciones y los mercados que con la apelación a gestos de buena voluntad. La eliminación de los cupos en maíz y trigo que dispuso en los últimos días de 2015 va en esa dirección.

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