En la puerta del alma

Rodolfo Ceballos

En la puerta del alma

En la actualísima Argentina que algunos psicólogos definen como "país adolescente" y otros "país emergente", faltan empleos decentes y que los detenidos por el delito de corrupción declaren como arrepentidos.
En el caso de los detenidos por corrupción, llueven las ofertas del Gobierno para que se arrepientan y cuenten sus secretos mejor guardados.
El que acepte ser arrepentido, se cree, pondrá la puerta de su alma a disposición de la Nación. Pero, aún esta posibilidad de prestarse a romper los herméticos códigos del delito, solo es conjetural. La codicia por la bolsa de dólares pudo, hasta ahora, más que la intención del Gobierno.
Hay kirchneristas con una neblina en su vida psíquica. Son algunos de los primeros arrepentidos que se van mostrando críticos con su opción.
Algunos exoficialistas de la militancia y la ideología, desencantados con la ética que el matrimonio presidencial -mandato cumplido- imprimió a la política, yacen arrepentidos por tanta adhesión. Tienen la fatiga de sí mismos, como dice la clínica de las depresiones.
La lógica de sus síntomas se estructura en la época argentina, con políticos que no cumplen y con un capitalismo de amigos y de rapiña que no resolvió las faltas de muchos.
El liderazgo más ilusorio en la última década, el kirchnerismo, a fuerza de mito, movilizó a las masas hacia la distribución social. Ahora, retroactivamente, los primeros arrepentidos del encantamiento reparan que el pensamiento político hegemónico estaba vacío de ética y dejaron de ser kirchneristas.
La identificación política permite constituir ciudadanos que asimilan atributos del pensamiento del líder.
Los tristes de la política que fue, caminan como restos de una masa y ven caer, perturbados, sus identificaciones al discurso del amo que los envolvió.

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