Los productos entran por los ojos y, si de verduras se trata, con mayor razón. A la hora de comprar tomates, por ejemplo, su aspecto, su color y consistencia son fundamentales. Que parezcan recién cosechados es muy importante a la hora comprarlos. Y si bien para el consumidor esto comienza y termina ahí, para los productores es un tema complejo de resolver. El proceso que se desarrolla desde que el fruto es cosechado, seleccionado, embalado y trasladado a los diferentes mercados distribuidores del país lleva un tiempo que debe ser considerado para su buena conservación sin pérdida de valor.
Este tema es de particular interés para Salta porque es la segunda zona de producción del país con una participación del 23%, después de Buenos Aires que lo hace con un 34,7%. La principal época de cosecha en Salta es de junio a octubre en tanto que en Buenos Aires es de diciembre a mayo (datos del Mercado Central de Buenos Aires- Período 2015). El cultivo de tomate para consumo fresco es el más importante en el NOA con más de 4.000 hectáreas cultivadas que se encuentran ubicadas en el norte de la provincia.
La UNSa y sus aportes
Ese problema y otros relacionados a la producción de tomate son objeto de investigación en la Facultad de Ciencias Naturales de la Universidad Nacional de Salta (UNSa). Viviana Broglia es licenciada en Ciencias Biológicas, docente de Genética en la UNSa y se encuentra realizando su doctorado en la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Nacional de Rosario. En conversación con El Tribuno contó que su tesis doctoral tiene que ver con líneas de trabajo relacionadas a la premejora de tomates que se produjeron en la UNSa en el marco de un programa de mejoramiento genético que comenzó en los años 90 y dirigió la ingeniera Elsa Gilardón, ya jubilada. En estas líneas de premejora también participaron la ingeniera Carmen Hernández, la licenciada Bonomo y la doctora María Pocoví. "Yo trabajo con una de esas líneas de investigación provenientes del cruzamiento de dos especies, el tomate cultivado, que se llama Solanum lycopersicum, y otra que se llama Solano hirsutum. Cuando se planteó hacer ese cruzamiento la idea era incorporar al tomate cultivado genes de resistencia a insectos. Esto es porque el ataque de los insectos al cultivo produce muchas pérdidas económicas a los productores y no había dentro de las líneas cultivadas ninguna que fuera resistente", dijo Broglia.
A partir de estos estudios se desarrollan líneas que van evaluando y estadificando al fruto de acuerdo a las características que tiene y a la importancia económica como el peso, el tamaño, la forma de la hoja y el tipo de crecimiento. "Todo esto tiene que ver con el manejo que hace un productor y a la par, a nosotros nos interesa poder localizar dónde están esos genes que definen determinadas características agronómicas. Yo trabajo con una línea en particular que tiene caracteres que son interesantes, como tener larga vida en estantería. Eso quiere decir que dura mucho tiempo sin echarse a perder desde que lo cosechan y este es un valor importante, sobre todo para la producción de Salta, que está lejos de los centros en que se comercializan. Los productores cosechan y envían la producción en camiones. Esto es un problema porque las vías de transporte no son muy ágiles y tienen que llegar a los mercados de Córdoba o de Rosario o a Buenos Aires y de ahí distribuir a los comerciantes más pequeños, que son de diferentes lugares. Por eso contar con líneas que tengan larga vida en estantería es un valor agregado e interesante para los productores locales", agregó Broglia.
Si bien esta línea de desarrollo está ya bastante avanzada, también hay otros trabajos muy interesantes que están siendo abordados por el equipo de Broglia, entre ellos la recuperación del llamado "tomate árbol".
Una especie en extinción
El tomate árbol es originario del norte de Argentina y sur de Bolivia y actualmente se lo está revalorizando como cultivo tradicional, tal como se hizo con la quinua y el amaranto. Actualmente se están generando varias líneas de investigación para conocer y asesorar en la forma de cultivar y producirlo para que no se pierda. Muchas de estas poblaciones de tomate árbol desaparecieron con la urbanidad y los desmontes. "Ahora se están rastreando para ver dónde se encuentran estos individuos, en qué regiones y en qué estado se halla la diversidad genética y la morfológica, como el tipo de color, el tamaño y variedad de frutos", agregó la investigadora. En la UNSa, el banco de germoplasma de especies nativas está dirigido por la doctora Marta de Viana y cuenta con acceso a distintas poblaciones del NOA. Se está analizando la variabilidad morfológica y genética dentro y entre poblaciones. Esta es una especie con futuro y la idea es que la gente tome conciencia de la importancia de conservar especies nativas y de que redunda también en un beneficio con potencial económico. El tomate árbol, Solanum betaceum, también conocido como "chilto" o "tamarillo", es una especie arbustiva. "En la UNSa trabajamos en caracterizar morfológica y molecularmente poblaciones de las cuales estamos teniendo registro. Los frutos del tomate árbol no son como el tradicional sino que se parecen más a una papaya y crecen de manera silvestre. Con ellos se puede hacer dulce y actualmente han empezado a utilizarse en lugares que elaboran comidas exclusivas. Es como una revalorización de las culturas originarias. Hace unos días llevamos tomate árbol a la Escuela Agrícola. Los chicos conocieron el fruto y sacaron semillas. Ellos van a sembrar y las van a cuidar en invernadero. La idea es que los alumnos hagan todo el proceso de sembrar, transplantar, cuidar las plantas y, si alguno quiere llevar a su casa, lo puede hacer. El compromiso es que cuiden la planta y que piensen que es también una salida económica", concluyó Broglia.

Un toque exótico

El tomate árbol en países como Ecuador, Venezuela y Costa Rica está contemplado en planificaciones y tienen programas relacionados a esta producción. Hay productores que cultivan el tomate árbol en grandes extensiones y los exportan a Europa como un fruto exótico con el que se hacen dulces y licuados, entre otros.
Estas investigaciones con la finalidad de mejorar la producción y conservación del tomate se financian con fondos del Ciunsa (Consejo de Investigación de la UNSa).


¿Qué te pareció esta noticia?

Sección Editorial

Comentá esta noticia



Se está leyendo ahora