La Cámara Baja le dio media sanción al proyecto presentado por el legislador por San Martín Diego Ávalos (PRS), que propone la apertura de 17 kilómetros para unir Campamento Vespucio con los puestos Madrejones, Medialuna, Vaulet y Trementinal, ubicados en el límite entre Bolivia y Argentina que marca el río Itaú.
Esa región no solo se encuentra postergada por su histórica falta de conexión con el resto del municipio de General Mosconi al que pertenece, sino que sufre desde hace décadas la degradación ambiental por parte de madereros furtivos que están diezmando el monte virgen y toda su riqueza forestal y animal.
220 kilómetros para llegar
La zona que se pretende potenciar y preservar se ubica en la margen derecha de esa suerte de V que se marca en el límite entre los dos países y pertenece a Mosconi.
Forma parte del sistema de yungas, por lo que el clima y las condiciones ambientales son tan favorables que las 300 familias que residen en esos puestos viven de lo que producen, es decir, cría de animales de granja, frutas, verduras, chacinados, conservas, entre otros. Llegar al lugar implica una travesía por rutas argentinas y bolivianas de más de 220 kilómetros, pero si se abriera un camino por territorio salteño, se requeriría solamente de 17 kilómetros respetando el trazado de la ruta provincial que lleva el número 141.
Las picadas (caminos de cornisa) están abiertas hasta el yacimiento San Pedrito, al oeste de Campamento Vespucio, que actualmente opera la petrolera Pan American Energy. En realidad, la empresa aprovechó la picada abierta alrededor de 1920 por la Standard Oil Company, cuando comenzó a operar los primeros pozos petrolíferos del norte de Salta. Pan American solamente mantiene ese camino en medio de las cumbres de San Antonio, que se extiende hacia el norte y que recorre otras locaciones como Ramos, Macueta, Piquirenda y Tuyunti hasta llegar casi al límite con Bolivia, unos 50 kilómetros más al norte desde su inicio.
En tiempos en que la ruta nacional 34 no existía ni en proyecto, los americanos recorrían el norte por ese camino con camiones de gran porte, pero también con ómnibus, autos y camionetas que llevaban y traían el personal de la Standard Oil desde Pastor Senillosa, actualmente General Ballivián, hasta el límite con Bolivia.
Dificultades para la gente
El diputado Diego Ávalos explicó que "ya que mucho hablamos de inclusión, comencemos por incluir a nuestros hermanos de Salta y que no tengan que recorrer 220 kilómetros para llegar a Mosconi, dando una vuelta interminable por Bolivia. Para llegar a esa zona, necesariamente se debe ingresar por Aguas Blancas, cruzar al pueblo boliviano de Bermejo, recorrer unos 70 kilómetros por territorio boliviano y regresar hacia Argentina".
Ejemplificó que "esos salteños no pueden sacar a sus enfermos a tiempo porque el viaje les implica horas y, en gran parte del año, el río Itaú trae tanta agua que es imposible atravesarlo. No son dueños de hacer una denuncia contra delincuentes de las dos nacionalidades porque no hay ni un gendarme ni un policía; han tenido a sus muertos por más de una semana hasta que llega un médico legal desde Orán. Casos como esos hay a montones".
Madereros furtivos
Otro de los dramas de esas poblaciones es el avance de madereros furtivos de ambas nacionalidades que están terminando con las especies forestales por falta de personal de vigilancia. "Faltan 17 kilómetros para conectar a las familias de esos cuatro parajes con el municipio de Mosconi. El Regimiento 28 de Infantería puede perfectamente colaborar porque su especialidad es el trabajo de monte y ya hicieron ese recorrido en varias oportunidades. No hay razones para que no se abra ese camino y se instalen puestos de control, tanto nacionales como provinciales, para cuidar la riqueza natural de las yungas y darles mejor calidad de vida a esas 300 familias", concluyó Ávalos.
Escuela propia en 1998
En 1998, por decisión del entonces Gobierno de la Provincia y a pedido de pobladores del lugar, se decidió la construcción de la primera escuela albergue en el paraje Madrejones. Con los años, esa escuela albergue se convirtió en un ejemplo en todo el país por su autosustentabilidad. Los niños aprenden a sembrar, criar animales, fabricar chacinados y otros productos en base a la producción propia sin utilizar agroquímicos ni conservantes.
No hay registros de la fecha en que los criollos se asentaron, pero hasta hace no muchos años los chicos asistían a las escuelas del paraje San Antonio, en Bolivia.

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