El tema de la inflación ha dejado de ser una de las grandes preocupaciones en la mayor parte del mundo, no sólo en las economías industrializadas, sino también en las economías emergentes.
Luego de muchas décadas de luchar contra la inflación, numerosas economías, especialmente las emergentes, parecen haber encontrado una herramienta de política monetaria efectiva para mantener estable el nivel de precios de la economía: el inflation targeting o las metas de inflación.
Adicionalmente, este tipo de arreglo monetario reduce la volatilidad del nivel de actividad, lo que lo torna una herramienta deseable desde el punto de vista de la estabilidad macroeconómica.
La implementación de este tipo de metas comenzó en el mes marzo de 1990, cuando Nueva Zelanda anunció su target de inflación. En la región, el pionero fue Chile, país que implementó este manejo monetario en enero de 1991 y fue entonces la segunda economía del mundo en utilizarlo.
Los pilares de este arreglo monetario son: la ausencia de otra ancla nominal, el compromiso institucional de la estabilidad de precios, la ausencia de dominancia fiscal, la independencia de instrumentos de política y la transparencia de política y rendición de cuentas.
Numerosos países adoptaron esta política monetaria cuando las tasas de inflación se encontraban elevadas.
No obstante, el diseño permitió a los bancos centrales construir credibilidad, para que luego las expectativas inflacionarias comenzaran a descender y así reducir la tasa de inflación y lograr la estabilidad del nivel de precios. De esta manera, las metas de inflación y la independencia (y credibilidad) del ente emisor se refuerzan mutuamente.
En tanto, si bien romper la dominancia fiscal no es de un día para el otro, el BCRA no modificará su política monetaria ni en 2017, de cara a un año electoral. El próximo año, la asistencia del ente emisor al Tesoro será menor a los 160 mil millones acordados para 2016.

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