Inédito para la historia judicial salteña. Comenzó ayer el primer juicio por homicidio sin que el cuerpo de la víctima haya aparecido. Se trata del caso de Marcela Mamaní, la joven de 25 años que desapareció el 16 de febrero de 2012. El único acusado y detenido es su pareja José Javier "el Indio" Aramayo, quien ayer rompió el silencio y decidió declarar.
"Conocí a Marcela en agosto, setiembre de 2008, cuando estaba juntado con Lorena del barrio Palmeritas. Ellas eran amigas. Pasó el tiempo, una noche la vi en Skombro"s. Yo ya estaba con otra chica. Encontré a Marcela en la barra y cruzamos números. Nos mensajeabamos, nos encontrábamos en el boliche y empezamos a salir", dijo Aramayo frente a la Sala III, presidida por Pablo Farah e integrada por los vocales Carolina Sanguedolce y Amadeo Longarte.
"En un auto, ella era frecuentada por Zurita. Me decía que él era su tío. Llegué a su casa y conocí a su familia, su madre me pedía que me corte el pelo. En 2009 nos fuimos a vivir juntos a su casa, estuvimos tres o cuatro meses. No me llevaba bien con su madre por el aspecto, quizás para ella de clase baja", expresó el acusado.
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En la continuidad del relato, Aramayo sostuvo: "Llevé un televisor, una cama, muebles. Después me fui de su casa. Ella me dijo que trabajaría cama adentro en San Lorenzo pero era mentira. Su madre me prepiaba y yo no me quedaba atrás. Fui hiriente", aseguró. "Marcela se fue a Buenos Aires y después volvió a mi casa con regalos. Pasamos juntos una de las fiestas de fin de año. Ella trabajaba en un carro choripanero", añadió.
Devoto de San la Muerte
"Soy devoto de San la Muerte. Lo conocí en 2005 por medio de un gaucho de un fortín cuando se me perdió un animal. Me dio una estampita y me dijo que era de las cosas perdidas entonces le empecé a rezar", manifestó Aramayo. "Yo quería enlazarme con la familia de Marcela. Un día en su casa, en una sobremesa hablamos de santos. Su hermana Carola es bien cristiana, de la iglesia. Ella pidió que me sacaran de la casa. Mi suegra doña Carmen se levantó de la mesa, su marido se fue a la pieza. Carmen me pidió que no entrara a la casa. Esa tarde Marcela discutió con Carola", expresó.
"A la semana siguiente Marcela apareció en mi casa con un bolso. Dijo que tenía problemas con su mamá, que quería ser independiente, quería trabajar en un carro panchero de noche y yo le dije que no me parecía, que buscara otro trabajo", agregó.
Violencia
"En la relación había discusiones, mechoneadas, denuncias. Una vez vinimos aquí al frente de la Ciudad Judicial. Teníamos que distanciarnos a no menos de 200 metros, pero en el boliche nos veíamos y nos besábamos. Ella entraba a mi casa con llaves. Esto fue en 2010. Luego ella me denunció y decidimos terminar. Fue por noviembre o diciembre", sostuvo. "Tiempo después yo conocí a Ana, de Cerrillos, y empecé a salir con ella. Un sábado de febrero salí a bailar y la crucé a Marcela con un muchacho. El 14 de ese mes ella me llamó y me dijo que quería hablar, que había cobrado la asignación por hijo. Yo trabajaba en una empresa que hacía pavimentación, salí, me fui a mi casa a limpiar. Ella llegó a las 13.30, trajo una bandeja de fideos con pollo. Me contó que tenía problemas con su mamá. Nos besamos y tuvimos relaciones. Me dijo que estaba frecuentando a un tal Jorge. Después nos fuimos al centro porque tenía que encontrarse con un tío, fuimos al freeshop y le compró unos sapitos (calzado) a su hijo. Compramos tinturas para el pelo, comimos sandwiches y todo lo pagó ella. Volvimos a mi casa, vimos la novela. Al otro día amanecimos juntos, desayunamos. Almorzamos, nos teñimos el pelo y ella se fue a dejarle las sandalias a su hijo. Quedó en volver pero de ahí no la volví a ver", dijo Aramayo. "Estuve con ella en mi casa del 14 al 16 de febrero de 2012 hasta las 17.30. Esa fue la última vez que supe algo de Marcela", aseguró.
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Extraña noche
Aramayo hizo hincapié en que la madrugada del 17 de febrero de 2012, los cuñados de ella fueron a buscarla a su casa. "Esa noche Juan Sivila me tocó la ventana. Me preguntó si no había ido la Marce. Estaba con alguien en la moto, le pregunté quien era y me dijo Javier (López). Abrí, lo encaré y le dije: "Y ahora'', y le metí una piña porque cuando Marcela trabajaba en una fonda en el barrio Palermo, días antes, Javier se le había insinuado a ella, se le quiso meter en la cama. Me dijo "perdoname'' y no me quiso pelear. Le metí una patada en las costillas y le dije que no se haga el pícaro. Me dijeron que habían ido a Pekas y se fueron como en dirección al centro", aseguró Aramayo.
Ella desaparece
"Al día siguiente fui a la empresa a trabajar. Luego almorcé con mi mamá, retiré 250 pesos del sueldo. Fui a bailar a Skombro"s el 17 y 18. Estaban los Bibys", agregó para relatar luego un confuso episodio en el que le habrían robado el celular. "Escuché por la radio que Marcela estaba desaparecida. Eso fue el martes 21 o miércoles 22. Llamé a su casa y no estaba. Su padre estaba alterado. Su madre me dijo: "Vos la tenés y no la dejas salir''. Yo le pedí a Carmen que hiciera la denuncia. Me hicieron un allanamiento. Me tomaron declaración".
Ante las preguntas del fiscal, Pablo Paz, Aramayo dijo que la relación con Marcela "no era estable", que vivió unos tres meses en la casa de ella y ella unos cinco meses en la casa de él y que había peleas por celos, por mensajes de otras chicas con él. Sin embargo, dijo que Marcela "era un chica con quien se podía dialogar, era compañera".
El fiscal apuntó sus preguntas al hecho de que Aramayo no intentó comunicarse más con Marcela. "No la volví a hablar porque tenía solo pack de mensajes", respondió el imputado, lo cual sonó poco convincente. Cuando le preguntó si ella tenía celular, Aramayo respondió que "no"y que no sabía por qué.
Al ser consultado sobre si conocía a Mario Zurita, un hombre con el que Marcela habría entablado una relación, Aramayo apuntó directamente hacia él, y respondió: "Lo conocí en 2008, cuando fuimos al Estadio Martearena a ver al Chaqueño Palavecino. Mario la llamó al celular y luego lo encontramos y le gritó: "Así te quería encontrar, p...'', y le pegó".
Finalmente Aramayo aclaró: "En ningún momento dije que Marcela estaba en el puente o a tres cuadras, cuando vinieron Juan y Javier a mi casa".
"Nunca fui a buscarla ni llamarla porque si la llamaba su familia me largaba un credo de insultos", culminó.

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