El tiempo de campaña se instala sutilmente de nuevo entre los salteños, aunque pocos meses hayan pasado de las elecciones de 2015. El arco político de la provincia comienza a mover piezas en esas clásicas reuniones de arengas y debates, donde las aspiraciones de funcionarios y dirigentes encuentran su punto de fuga con dirección a los próximos comicios.
Es allí de donde parten los modelos, las ideas, los espacios y las probabilidades de una figura que pueda llegar a ser aceptable para la opinión pública, la que inexorablemente deberá visitar las urnas el año que viene.
Sondeos, mediciones, aparatos políticos suman o restan para los candidatos: algunos autopostulados descabelladamente, otros con padrinazgos y alguna certeza de llegar al poder. Todos saben que la política es el arte de lo posible y así se suben al carro, porque saben también que "andando el carro, los melones se acomodan solos". Nadie lo dice abiertamente porque la actividad está limitada en un contexto de inquietud económica y social. Hay demasiadas preocupaciones entre la gente por la inflación, el desempleo y los servicios, como para empezar a trabajar abiertamente en la campaña del año que viene.
En este contexto social, el riesgo de una respuesta intolerante de la sociedad es alto, pero los actores políticos saben que es tan inevitable como necesario comenzar a trabajar mirando al 2017 y también al 2019.
Casi sin darse cuenta, el segundo semestre ya tiene avanzados sus días sin que aparezca un peldaño en la agenda política donde hacer pie para largar.
Aún sin fechas ciertas, las elecciones legislativas del año que viene, donde se renuevan bancas en el Congreso, la mitad de las cámaras y la totalidad de los concejos deliberantes en Salta, podrían darse en octubre si se unifican a nivel nacional, tal como lo sugirió esta semana el ministro de Gobierno Juan Pablo Rodríguez.
Una lectura superficial podría concluir también en que aún falta mucho tiempo para retornar al proselitismo que a los salteños les costó cuatro elecciones a lo largo de 2015, pero lo real es que tanto a nivel provincial como nacional, el poder tiene mucho en juego y nadie quiere perderse el primer movimiento.
La imposibilidad de Juan Manuel Urtubey de postularse para un nuevo período como gobernador es tan concluyente como su aspiración para ser candidato a presidente de la Nación.
Más arriba en la cúspide de poder, Mauricio Macri debe buscar aliados en el parlamento para seguir con la segunda parte de su plan de gobierno nacional. En ambos niveles existe una suerte de simbiosis donde cada uno juega la carta que más le conviene. Macri necesita más apoyos en el Congreso y Urtubey, un triunfo contundente en la provincia para mantener su posicionamiento si quiere aspirar a la presidencia. Hay demasiado en juego como para esperar un momento de menor efervescencia, y a nivel provincial alinear nuevamente las tropas políticas dentro del frente que gobierna no será una tarea fácil. El Partido Renovador disputa sus autoridades en la Justicia y juega siempre al filo de la fractura partidaria, que le cuesta en cada comicio una nueva atomización.
El Partido de la Victoria, aún en duelo por la derrota del kirchnerismo, busca un espacio que lo tenga cerca del poder y lo más lejos posible de los personalismos de la era K, aunque con esto no se garantice la misma voluntad del electorado.
Mientras tanto, en el Partido Justicialista, que viene con un franco retroceso en la cosecha de votos, aparecen aspirantes de distintos sectores que no ocultan la intención de arrebatarle el comando a Manuel Godoy, sobre todo por la performance partidaria de acuerdo a los resultados de las últimas elecciones.
Un escenario complejo para Urtubey que por estas horas retomó las visitas en municipio y localidades del interior provincial, sin descuidar obviamente su presencia en otras provincias y a nivel nacional.
No es el momento, pero al jefe político del Gobierno le tocó lanzar la primera piedra en la campaña. Juan Pablo Rodríguez asegura que aún no hay candidato para suceder a Urtubey y descartó que vaya a postularse para ese cargo, pero desde esa misma negación -para nada inocente ni involuntaria- ya instaló la campaña.

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