El Día de la Madre pasó en Salta con las imponderables penas y alegrías que, en el duro trajín, uno no se detiene a ver.
El Tribuno salió a recorrer las calles de la ciudad ay cosechar testimonios de los días felices, los de oportunidades y aquellos tristes, de esos que dejan un aprendizaje para el alma.
Se pudo ver ayer que todos los negocios de comidas presentaban colas eternas y calurosas para comprar empanadas, pollo o comidas rápidas.

La vida

En la clínica Santa Clara de Asís el festejo era más silencioso. La felicidad vino para Sara que el sábado finalmente supo lo que es ser madre cuando dio a luz a su bebé. Mateo nació el 14 de octubre, a las 16.50, por una cesárea, pesó 3,3 kilos y mide un poquito más de 78 centímetros.
"Si bien yo lo llevaba en la panza, recién ahora sé lo que se siente cuando lo tengo en brazos. Mateo es el mejor regalo que pude tener en mi vida", expresó la flamante mamá a este medio.
Con más experiencia, Mayra lo tuvo a Francisco el sábado por parto natural.
"Panchito", que seguramente se hará hincha de River Plate, se adelantó dos semanas. José, su papá, ya tenía todo listo para agasajar a su mujer y no pudo realizar nada de lo planeado porque el hermanito que Sofía quiso se convirtió en el mejor obsequio.
En las penas, el aprendizaje se hace carne y en la mirada de Marta y Fernando se puede ver el dolor de estos días de fiestas para muchos.
Ellos son dos hermanos de 59 y 66 años que perdieron a su mamá hace tan sólo tres semanas. Ayer estuvieron en el cementerio San Antonio de Padua visitando la tumba de Dolores, que los dejó a los 96 años de edad. "Amen y cuiden a cada instante a sus mamás", dijeron a dúo y llorando.
Marisa y Marcela estaban firmes, como hace 22 años, con las flores que le llevan a su mamá Yolanda.
"Hay que ser compañeros, cuidarla y nunca olvidarse de visitarla", aconsejaron las dos hermanas.

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