Un joven vendedor ambulante del centro de esta capital fue hallado decapitado y en estado de putrefacción en su domicilio de villa Juanita, donde se encontraba su fiel perra mestiza, que ya había devorado parte del cuerpo del infortunado comerciante.
Tras el macabro hallazgo, los familiares presentes radicaron la correspondiente denuncia y en todo momento estuvieron presentes durante las pericias de rigor, confiadas primeramente a Criminalística de la Policía y poco después al CIF.
Cerca del mediodía se había establecido la identidad del hombre hallado sin cabeza en villa Juanita. Se trata de Raúl Horacio Tejerina, un pequeño comerciante que ofrecía productos de ocasión en la esquina de San Martín y Pellegrini y que se había ausentado de ese lugar hace más de diez días.
Tejerina, según su propio hermano Juan, cumplió 50 años el miércoles, razón por la cual Juan Tejerina, hermano menor del malogrado, decidió visitarlo.
"Vine por dos razones, una porque alguien me avisó que mi hermano Raúl Horacio se hallaba internado en el San Bernardo y otra porque el miércoles había cumplido 50 años", dijo. Y agregó: "Cuando llegué a Salta golpee su puerta y al no atenderme hablé con el vecindario. Me dijeron que no lo habían visto y que podría estar enfermo o en algún hospital. Así es que todo el jueves recorrí los hospitales públicos y los lugares donde podría estar residiendo pero nada". Juan Tejerina sostuvo: "Antes de entrar consulté con un familiar que me aconsejó ingresar con la policía. Así fue, entramos y nos dimos con el cuerpo de mi hermano decapitado".
Su cráneo estaba a más de tres metros de su cuerpo y había sido devorado en parte por su perra, de color negro, que se hallaba junto a él.
"Todo estaba en desorden, todo absolutamente todo y no hubo explicación alguna a ese detalle. No aseguramos nada pero quisiéramos creer que fue natural, aunque me da no sé que decir esto", relató Juan.
Poco después del levantamiento del cadáver, su hermano prestó declaración informativa en la sede de la policía de villa El Sol.
En tanto, otros familiares aseguraron que en la casa había dinero chico a la vista pero que el desorden era llamativo.
"Por dentro todo estaba abierto", dijo su primo.
En tanto, en la calle Pedro de Valdivia al 800 reina un misterio no develado aún. Todos conocían a Raúl Horacio Tejerina, pero nadie lo echó de menos en más de diez días de silencio de su ruidosa e iluminada morada.
Fuentes policiales dijeron ayer que la casa por afuera se encontraba cerrada pero que puertas adentro se hallaba en completo desorden.
"Al parecer el perro que Tejerina cuidaba y con el que compartía penas y alegrías se convirtió en el guardián de sus restos y al parecer ya había comenzado a devorar los mismos a falta de alimento", dijo un familiar.
Vivía solo
La mayoría de las personas que lo conocieron aseguraron que Tejerina era adicto a la ingesta de bebidas alcohólicas y que trabajaba para ello.
Su casa siempre estaba ordenada y en ella guardaba las mercancías que vendía en la esquina de San Martín y Pellegrini.
"No tenía enemigos y pensamos que al haberse encontrado el cambio que él siempre guardaba, por su actividad como vendedor ambulante, el delito si lo hubiere no podría haber sido cometido por ningún adicto o pipero que abundan en la zona sino por otro tipo de delincuente", dijeron.

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Juan Tejerina, el hermano.
Juan Tejerina, el hermano.

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