La opción de "fierro" que plantea el Gobierno sobre "endeudarse o perecer" tiene una falencia en su contenido.
Como siempre, vamos cual bomberos a apagar la hoguera que hemos sabido aventar como gobierno y sociedad. Pero ya vimos esta película. Se necesitan dólares. ¿Qué pasó las otras veces, cuando enajenamos el patrimonio nacional, o conseguimos el "virtuoso blindaje" o tuvimos un excedente de ingresos del orden de los 600.000 millones de dólares como regalo del precio internacional de los commodities? Nada.
Por ahí pasa la cuestión que debemos contestar para asumir una posición frente al endeudamiento, que es solo el motor de la bomba de achique que permitirá, según nos prometen, poner en marcha el barco.
Desde la inauguración de la democracia no pudimos poner en marcha un desarrollo sostenido y solo tuvimos esporádicos ciclos económicos positivos que nos permitían sacar parte del cuerpo de la emergencia, pero que al final, cual boya oscilante, nos hundíamos nuevamente hasta el cuello y recuperábamos nuestro eterno status de país emergente.
La razón del endeudamiento debe ser construir un desarrollo sostenido que garantice un PBI consistente en el tiempo hasta que transformemos los ciclos en meseta positiva y lleguemos a la meta de país desarrollado que en el mundo moderno es el único camino por el cual los pueblos recuperan su dignidad.
Somos especialistas en encontrar responsables: los yankis, el peronismo, los empresarios, Menem, Cristina. Todos sin excepción somos responsables de nuestro fracaso como país, gobierno y sociedad. Aportemos a las soluciones, desechemos el discurso demagógico, eliminemos la corrupción, dejemos de buscar culpables y asumámoslo con grandeza. Entonces sabremos si vale la pena endeudarnos.
El endeudamiento debe significar para la Nación el irrenunciable rum bo del desarrollo sostenido. Y esa es la cuestión aquí y ahora.

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Sección Editorial

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